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Jesús Laínz

Cuacuadores

Eso que a grandes rasgos se llama 'izquierda' se dio cuenta hace ya mucho tiempo de la necesidad de dominar el discurso cultural.

Cuacuadores - Jesús Laínz
George Orwell. | Archivo

Hace ya algún tiempo Confucio advirtió sobre la necesidad de usar las palabras con exactitud para que el pueblo pudiera comprender la legislación y los gobernantes pudieran actuar con justicia. "Cuidad que las palabras sean las correctas", sentenció el sabio chino.

Tres milenios más tarde sería el inglés George Orwell quien reflexionaría con sorprendente anticipación sobre los peligros de la manipulación de las palabras para engañar y oprimir al pueblo. Como explicó uno de los personajes de su desasosegante 1984, la finalidad de la neolengua diseñada por los esbirros del Gran Hermano era limitar el alcance del pensamiento, estrechar el radio de acción de la mente.

Eso que a grandes rasgos se llama izquierda se dio cuenta hace ya mucho tiempo –la llamada derecha lleva décadas sin enterarse de nada– de la necesidad de dominar el discurso cultural, y hasta las palabras que se pueden y no se pueden utilizar, para de ese modo establecer una hegemonía ideológica previa que acabará desembocando forzosamente en hegemonía política.

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