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Pedro Fernández Barbadillo

Impunidad, esa mercancía que Madrid vende al catalanismo

La conclusión que nos ofrece el golpismo catalanista de ayer y hoy es que sólo es posible con 'compañeros de viaje' en Madrid.

La conclusión que nos ofrece el golpismo catalanista de ayer y hoy es que sólo es posible con 'compañeros de viaje' en Madrid.
Lluis Companys en el balcón de la Generalidad. | Cordon Press

¡Esto todo tan repetitivo, tan cansino y tan frustrante!

Cuando nos enfrentamos a los separatistas tenemos que partir de un hecho, convertido ya en evidencia a la vista de la modificación del Código Penal por el PSOE y Podemos para alquilar los votos de los diputados catalanistas en las Cortes: la solución del problema reside en Madrid.

Es ‘Madrid’, sinécdoque para la definir las élites oligárquicas políticas, empresariales y comunicativas asentadas en la corte, la que mantiene vivo el problema por su falta de resolución. El precedente lo encontramos en el lejano 1934. Entonces, la república catalana no duró ocho segundos, sino diez horas.

El golpismo de la izquierda

En noviembre de 1933, se celebraron las primeras elecciones a Cortes Generales de la Segunda República. La CEDA de José María Gil Robles y el Partido Radical de Alejandro Lerroux superaron los 100 escaños cada uno, mientras que el PSOE quedaba con menos de 60. En Cataluña, La Lliga de Cambó obtenía dos docenas de actas y Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), cuyo caudillo era Lluís Companys, caía a docena y media. El partido de Manuel Azaña quedó con cinco diputados.

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