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¿Pueden servir los atentados como fuente de financiación del terrorismo?

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Artículo realizado en el marco de la Cátedra de Economía del Terrorismo que patrocina la Fundación Víctimas del Terrorismo.

Las instituciones financieras pueden verse involucradas directa o indirectamente[1] en un acto delictivo, bien como autoras, bien como víctimas, bien como instrumentos.[2] En el caso específico del terrorismo, estas posibilidades se ven reducidas a las dos últimas. Más específicamente, los mercados de valores pueden ser instrumentalizados para la comisión y el financiamiento de actos delictivos mediante el insider trading. En concreto, existe la posibilidad de que los grupos terroristas aprovechen la información privilegiada que manejan acerca de los atentados para especular con derivados financieros, maximizando sus beneficios gracias a la bajada de las cotizaciones con que las bolsas suelen reaccionar ante los ataques terroristas.[3]

Así, una pregunta recurrente que surge al analizar la reacción de las bolsas ante atentados de gran impacto es si los grupos terroristas pueden aprovechar la información privilegiada no ya para financiar los atentados, sino para derivar de ellos cuantiosos beneficios económicos, que puedan emplearse en el mantenimiento de la infraestructura de la organización terrorista; beneficios, que, además, pueden permitir a ésta disponer de liquidez, lo que le facilita desarrollar y ejecutar más ataques.

En su libro acerca de la financiación de la yihad, Loretta Napoleoni asegura que los socios de Ben Laden supieron emplear "perfeccionados instrumentos de manipulación de informaciones reservadas con objeto de especular en el mercado bursátil en vísperas [del 11] de septiembre",[4] hipótesis ésta que se volvió a plantear tras los ataques terroristas del 7-J. Con respecto a estos últimos se ha escrito: "En los atentados de Londres, coincidiendo con fuertes movimientos en el mercado del oro –el mercado refugio por excelencia cuando hay avisos–, se volvió a plantear este mismo asunto. ¿Estaba el famoso terrorista [Ben Laden] detrás de las compras masivas de oro?".[5] Llama la atención que los medios de comunicación se hicieran eco de esta posibilidad tanto en el caso del 11-S como en el del 7-J pero apenas la consideraran tras el 11-M. En los siguientes párrafos trataremos de verificar –en la medida de lo posible, pues un análisis definitivo requeriría de una investigación judicial– la verisimilitud de esta posibilidad.

Según indica Romera Robles, la Organización Internacional de Comisiones de Valores (Iosco) celebró una reunión el 15 de octubre de 2001 para presentar los primeros resultados de los "informes de etapa" elaborados por sus integrantes. En ella se concluyó que las ganancias derivadas de las maniobras financieras registradas en los días previos al 11-S se elevaban a varios centenares de millones de dólares, en lo que constituía "el más importante delito por aprovechamiento ilícito de informaciones privilegiadas jamás cometido"[6].

La prensa ya se había hecho eco de la noticia; por ejemplo, el Guardian[7] y el Telegraph[8] (así como, posteriormente, Loretta Napoleoni[9]). En concreto, el 18 de septiembre The Telegraph publicaba lo siguiente: "Autoridades alemanas y estadounidenses confirmaron que estaban tratando de contrastar la posibilidad de que Ben Laden pudiera haber derivado importantes beneficios de la especulación bursátil como resultado de los atentados contra América […] negociando put options sobre American Airlines, United Airlines, Continental y Delta [además de sobre los valores de las aseguradoras] Swiss Re, Axa y Munich Re, en las que se han detectado movimientos sospechosos".[10] Tres días después, el mismo diario ahondaba en la cuestión señalando que el número de put options sobre British Airways negociado en Liffe (London Futures and Options Market) el 7 de septiembre había sido de 2.184, cuatro veces por encima del volumen habitual de transacciones. [11] A su vez, en las tres jornadas anteriores al 11-S la Chicago Board Options Exchange negoció 2.000 put options sobre American Airlines (propietaria de uno de los aviones estrellados), un volumen 285 veces superior a la media de meses precedentes.[12]

Las distintas autoridades europeas se tomaron muy en serio la posibilidad de que hubiera tenido lugar una especulación criminal basada en información privilegiada. Ernst Welteke, presidente del Bundesbank, afirmó, de acuerdo con un estudio elaborado por este organismo, que había fuertes indicios de "insider trading terrorista", que no sólo habría afectado a derivados sobre acciones, también al oro y al petróleo.[13] Igualmente, la Comisión de Mercados de Valores alemana informó a su homóloga estadounidense de la detección de movimientos sospechosos sobre las acciones de la reaseguradora Münchener Rück (cuya cotización había retrocedido un 22%[14]), movimientos similares a los registrados en torno a otras compañías del sector, como Axa, Swiss Re, Allianz y Aegon.[15] Nuevamente, este descenso de las cotizaciones se vio acompañado de un aumento aparentemente anormal –prácticamente el doble– del volumen de derivados negociados sobre los mismos.[16] Este hecho resulta aún más notable si tenemos en cuenta que el sector de las reaseguradoras suele presentar ciclos bastantes estables –se trata de negocios maduros, con una gran base de clientes– y que sirvió de refugio tras el derrumbe de la burbuja tecnológica y de las telecomunicaciones.[17]

En definitiva, existían fuertes indicios que apuntaban a que el entramado financiero de Al Qaeda había recurrido a los denominados derivados financieros (operaciones hipotéticas de suma cero que se liquidan por diferencia entre el precio de mercado del subyacente y del precio marcado) como instrumento para obtener importantes beneficios de la reacción negativa de las bolsas ante los ataques contra las Torres Gemelas y el Pentágono.

La posibilidad de obtener beneficios especulando a la baja es posible gracias a la existencia de una serie de instrumentos financieros englobados bajo el nombre genérico de derivados, cuyo funcionamiento esbozaremos a continuación.[18]

En principio, existen distintas alternativas para ganar dinero especulando con la bajada de las acciones en el corto plazo[19]; la más frecuente consiste en comprar las ya mencionadas put options (opciones de venta).[20] En este tipo de contratos el comprador adquiere el derecho a vender las acciones (u otro valor subyacente) en una fecha futura y a un precio determinado (precio de ejercicio) a cambio del pago de una prima. Por lo tanto, si los títulos caen por debajo del precio de ejercicio (cosa bastante probable tras un atentado de la envergadura que tuvo el del 11-S), el contrato se liquida con una ganancia para el comprador. Otra posibilidad es apelar, incurriendo en el pago de comisiones, al préstamo de valores para venderlos al precio de mercado denominado short call (venta en corto), especulando con que, a la hora de tener que recomprar las acciones para devolverlas, éstas hayan bajado fuertemente en su cotización. Finalmente, una tercera alternativa pasa por recurrir al mercado a plazo o de futuros[21] para, con un total apalancamiento (esto es, sin desembolsar dinero a la firma del contrato –salvo el necesario para la constitución de garantías, que son restituidas una vez liquidado el mismo–), posicionarse especulativamente a la bajada de precios. En este tipo de contrato ambas partes se comprometen a intercambiar las acciones en una fecha futura, a un precio preestablecido en la fecha de la firma del contrato. Consiguientemente, si el precio preestablecido es superior al valor de las acciones en el momento de vencimiento se genera una ganancia para el vendedor y una pérdida simétrica en el comprador, que está obligado a comprar las acciones por un valor superior al que tienen en el mercado.

El hecho de que los negocios con derivados, sobre todo los futuros y las opciones de tipo europeo, venzan en fechas fijas –habitualmente[22] el tercer viernes (en caso de ser festivo, el día inmediatamente anterior) de marzo, julio, septiembre y diciembre–[23] puede favorecer este tipo de especulación por parte de los terroristas. Dado que los atentados muestran impactos de duración cada vez menor,[24] una estrategia de abuso diseñada por grupos terroristas debería tratar de situar los ataques en los días inmediatamente anteriores a los de vencimiento de los derivados.

Ahora bien, tal y como hemos señalado con anterioridad, el análisis de las cotizaciones y del volumen de negocio puede servir como indicio de un posible abuso de información privilegiada, pero la única manera de determinarlo de forma fehaciente exige un proceso judicial –iniciado habitualmente por la Comisión de Mercados de Valores– que compruebe el origen de cada uno de los movimientos.[25] A este respecto, la Comisión del 11-S ha afirmado que las exhaustivas investigaciones llevadas a cabo por la Comisión de Mercado de Valores, el FBI y otras agencias no han encontrado evidencias de que nadie hubiera obtenido un beneficio económico a partir del manejo de información privilegiada sobre los atentados.[26]

La Comisión del 11-S continúa señalando que, si bien es cierto que tuvieron lugar movimientos de mercado verdaderamente inusuales y sospechosos, cada uno de ellos cuenta con una explicación razonable; en concreto, el 95% de los puts sobre United Airlines fue comercializado por un único inversor institucional estadounidense –sin vínculos aparentes con Al Qaeda– como parte de una estrategia que también incluía la adquisición de 115.000 acciones de American Airlines. A su vez, este movimiento se vio reforzado por la recomendación hecha por una importante option trading newsletter asentada en los Estados Unidos.[27] No obstante, la comisión no da explicación a los movimientos anormales registrados en los derivados sobre las aseguradoras. A esto se le añade que sólo más recientemente han salido a la luz informaciones que revelan que algunos aspectos fueron presentados en el informe de forma "suavizada", cuando no suprimidos.[28]

Cabe señalar que Loretta Napoleoni afirma que también el 11-M fue objeto de especulación con información privilegiada; en concreto, la especulación habría tenido lugar contra el euro.[29] Si analizamos la evolución del cambio de la moneda europea frente al dólar constataremos que comenzó la sesión cediendo posiciones frente a la norteamericana, tendencia que se había iniciado la jornada anterior. Así, a las 9:00 el euro fijaba su cambio en 1,2195 unidades; a mediodía, pasadas las 14:30, el cambio se fijaba en 1,2263 unidades; finalmente, el cambio quedó fijado en 1,2256, lo que equivalía a una leve ganancia. En cambio, al día siguiente el euro perdía nuevamente posiciones: a media sesión se cambiaba a 1,2183 dólares, con lo que cedía todo el terreno que había ganado al dólar en la jornada precedente. Al cierre de la jornada el Banco Central Europeo fijaría el cambio oficial del euro en 1,2235 dólares. Aun así, no parece que los datos respalden para el caso del 11-M la hipótesis planteada por Napoleoni.

Podemos concluir, por lo tanto, que no contamos con evidencias que apunten a que se empleara "información privilegiada" sobre los atentados de Madrid con fines especulativos. En cambio, no podemos descartar esta posibilidad con la misma rotundidad en el caso del 11-S. Para el 7-J no hemos dispuesto de la información necesaria.

En definitiva, y aunque no hayamos obtenido conclusiones definitivas al respecto, existe una posibilidad real de que pueda emplearse información privilegiada relativa a la fecha de un atentado para especular a la baja. Los valores subyacentes más relevantes serían los correspondientes al sector turístico y a la banca/aseguradoras, ya que presentan fuertes pérdidas... y los mayores períodos de recuperación tras todos los atentados.[30] Por este motivo, serían precisamente los movimientos anormales sobre estos valores los que deberían ser objeto de una observación más directa por parte de los organismos reguladores, así como de las instituciones implicadas en la lucha antiterrorista.



[1] Fondo Monetario Internacional,"Financial Abuse, Financial Crime and Money Laundering", 12 de febrero de 2001, página 6. Disponible en www.imf.org/external/np/ml/2001/eng/021201.htm
[2] R. B. Johnston y O. M. Nedelescu, "The Impact of Terrorism on Financial Markets", IMF Working Paper WP 05/60, marzo de 2005, página 3. Disponible en www.imf.org/external/pubs/ft/wp/2005/wp0560.pdf
[3] Véase M. Buesa, A. Valiño, J. Heijs, T. Baumert y J. González, "The economic cost of March 11: measuring the direct cost of the terrorist attack on March 11, 2004 in Madrid", Documento de trabajo nº 54, Instituto de Análisis Industrial y Financiero, Universidad Complutense de Madrid, 2006. Disponible en www.ucm.es/bucm/cee/iaif.
[4] L. Napoleoni, Yihad. Cómo se financia el terrorismo en la nueva economía, Urano, Barcelona, 2004, página 279.
[5] N. Cardero, "El poder de la marca Al Qaeda", La Clave, nº 26, 1 de septiembre de 2005, páginas 6-11.
[6] M. Romera Robles, "Aspectos económicos y financieros del 11 de Septiembre", Estrategia Global, nº 3, abril-mayo de 2004, págs. 46-51.
[7] Por ejemplo, J. Hooper (2001), "Terror made fortune for Bin Laden", The Guardian, 23 de septiembre de 2001.
[8] Entre otros, A. Cave, "Did Bin Laden cash in before terrorist attack?", The Telegraph, 18 de septiembre de 2001; G. Ringshaw, "Profit of doom", The Telegraph, 3 de septiembre de 2001; G. Trefgarne y S. English, "Terrorist hunt turns to London future markets", The Telegraph, 21 de septiembre de 2001.
[9] Cf. Napoleoni, op. cit., págs. 279-282.
[10] Cave, op. cit.
[11] Trefgarne y English, op. cit.
[12] Ringshaw, op. cit.
[13] Hooper, op. cit.
[14] Cave, op. cit.
[15] Trefgarne, op. cit., y Hooper, op. cit.
[16] Hooper, op. cit.
[17] Romera Robles, op. cit., pág. 49.
[18] Somos conscientes de que, al especificar estos procedimientos, podríamos (al menos potencialmente) proveer información susceptible de abuso por parte de grupos terroristas. No obstante, consideramos que este riesgo resulta mínimo, dado que los correspondientes instrumentos financieros, y su posibilidad de manipulación, son de dominio público. Cf. al respecto H. Richardson, P. Gordon y J. E. Moore (eds.), The Economic Impacts of Terrorist Attacks, Chentelham, 2005, página 2.
[19] Seguimos, en líneas generales, la exposición de Romera Robles, op. cit.
[20] Denominamos opción a un tipo de contrato normalizado a través del cual el comprador adquiere el derecho, pero no la obligación, de comprar (call) o vender (put) el activo subyacente a un precio pactado (precio de ejercicio) en una fecha futura (fecha de liquidación). Dicho contrato se puede ejercitar sólo en la fecha de vencimiento (opción de estilo europeo) o en cualquier momento antes de la fecha de vencimiento (opción de estilo americano), según establezcan las condiciones generales de cada contrato. Puesto que la liquidación del contrato puede realizarse por diferencias, la obligación de comprar y vender se puede sustituir por la obligación de cumplir con la liquidación por diferencias.
[21] Los futuros, otro tipo de derivado financiero, se distinguen de las opciones en que, mientras que en éstas el comprador tiene un derecho (opción) de compra o venta (dependiendo de que se trate de call o put) a cambio de una prima y el vendedor tiene la obligación de comprar o vender, en los futuros ambas partes contraen una obligación, sin que intervenga una prima.
[22] Salvedad hecha de los mercados británicos, en que el vencimiento será el miércoles correspondiente, no el viernes.
[23] Véase para el detalle R. Beike y J. Schlütz, Finanznachrichten lesen, verstehen, nutzen. Ein Wegweiser durch Kursnotierungen und Marktberichte, Schäffer-Poeschel, Stuttgart, 1999.
[24] Véase al respecto M. Buesa, A. Valiño, J. Heijs, T. Baumert y J. González, op. cit.
[25] Con todo, resulta dudoso que se pueda hacer un seguimiento de todos los movimientos, máxime en el caso de los derivados. Como señala Romera Robles (op. cit., pág. 47): "Fue posible establecer en las investigaciones que la mayor parte de las transacciones pasaron por el Deutsche Bank, y su sucursal estadounidense especializada en banca de inversiones, la empresa Alex Brown, mediante un procedimiento de portage, que asegura el anonimato de quienes realizan las transacciones". Cf. también Napoleoni, op. cit., pág. 281.
[26] Commission of the 9/11, The 9/11 Commission report. Final Report of the National Commission on Terrorist Attacks upon the United States, W. W. Norton, Nueva York, 2004, págs. 171-172. En la posterior versión resumida del informe se ha suprimido esta cuestión. Cf. Commission of the 9/11, "Monograph on Terrorist Financing", 2004 (disponible en www.9-11commission.gov).
[27] Commission Of The 9/11, The 9/11 Commission... Véase especialmente la nota 130 del capítulo 5 (pág. 499).
[28] Valga como ejemplo la reciente confirmación, por parte del Gobierno de EEUU, de que, tras el 11-S y el 7-J, se sometió a control las transacciones económicas realizadas a través del sistema Swift, con sede en Bélgica, ignorándose así la ley de secreto bancario. Según indicó el entonces secretario norteamericano del Tesoro, John Snow, este procedimiento permitió desarticular parte de la red y del sistema financiero de Al Qaeda, en tanto que el informe de la Comisión del 11-S afirmaba que este grupo no recurría para sus transacciones a los procedimientos convencionales. Cf. DPA, 23 de junio de 2006, 17:05.
[29] Comunicación escrita de Loretta Napoleoni a los autores.
[30] Obviamente, valores más específicos, como las líneas aéreas en el caso de los atentados del 11-S, permitirían mayores beneficios, pero implicarían también un riesgo más elevado, al apuntar hacia determinados instrumentos u objetivos que podrían poner en riesgo la operación.

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