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La Ilustración Liberal

Reseñas

Los anillos del Saturno comunista

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Uno de los primeros artículos que leí en La Ilustración Liberal, y uno de los que más me interesaron, era de Carlos Semprún Maura. Se titulaba "Estafas y mentiras de la leyenda comunista", y aún tengo por ahí, ya algo deteriorada, la fotocopia que hice entonces de aquel ensayo. Porque eso ocurrió, si no me falla la memoria, en el año 2002. Se diseccionaban allí algunos casos célebres, como el incendio del Reichstag, el caso Kravchenko y el de Artur London, y tras ese repaso el autor concluía con un comentario acerca del recién celebrado cumple del PCF, que acababa de llegar a sus ochenta años "de mentiras y crímenes". El guateque se había amenizado con música tecno y otros elementos de suma modernez, y el antaño severo diario comunista L’Humanité había llamado a la fiesta con el titular: "¡Discotequeros de todos los países, uníos!". Semprún Maura cerraba su artículo con esta sentencia: "Si ayer ser comunista representaba ser criminal o cómplice de la barbarie, cínico o ingenuo, hoy sólo significa ser idiota".

Su último libro, A orillas del Sena... un español, trata de aquel ayer. Un ayer en el que el poderío comunista era incontestable y parecía imbatible, el comunismo desplegaba un atractivo que no resistiría buena parte de la intelligentsia occidental y la disensión respecto de su rígida ortodoxia era una osadía peligrosa. Nuestro escritor y articulista, bien conocido de los lectores de La Ilustración y de Libertad Digital, tuvo ése y otros atrevimientos, y, no contento con ello, se ha dedicado a relatarlos. La narración de su experiencia y de su evolución política e intelectual se ha plasmado en varios libros, y la tarea ha culminado, de momento, en esta obra. Una labor que es tanto más de agradecer cuanto son pocos los ex comunistas españoles que se han aplicado a ella. El género de la autobiografía política apenas ha tenido contribuidores entre ese grupo, por otra parte, no muy numeroso. Y ello a pesar de su extraordinario interés.

Para quienes fueran por algún tiempo comunistas de uno u otro tipo y creyeran en la leyenda, huelga decir que de buena fe, es natural que resulte apasionante la trayectoria de quienes habitaron dentro de aquel caparazón en la época de su máxima solidez y lograron romperlo. En un momento de búsqueda intelectual, los testimonios de esas personas pueden ser decisivos. Pero todo el que desee hacerse una idea de lo que fue y supuso el comunismo, y ése es un conocimiento indispensable para entender el mundo contemporáneo y la propia actualidad política, habrá de leer algunas de las obras autobiográficas de los ex comunistas. Como decía uno de ellos, Arthur Koestler, en sus memorias (La flecha en el azul y La escritura invisible), "toda época tiene su religión y su esperanza dominantes, y el socialismo, en un sentido vago e indefinido, fue la esperanza de la primera mitad del siglo XX". ¡Y lo que le quedaba todavía!

En los años en que transcurre A orillas del Sena... un español el comunismo, el único realmente existente, o sea el soviético, seguía atrayendo hacia su órbita a una miríada de celebridades intelectuales, literarias y artísticas. El comunismo estaba "de moda" –naturalmente, allí donde no ocupaba el poder–, y la colección de cómplices, cínicos, ingenuos –y ya también de idiotas– era abundante. Semprún Maura retrata en su libro a no pocos de sus ejemplares, especialmente a los que entonces se movían por las orillas del Sena, aunque también del Manzanares. Desde la escritora Marguerite Duras, con un papel de pequeña Mata-Hari, hasta el artista Roberto Matta, puesto ante la angustiosa necesidad de justificar la invasión soviética de Checoslovaquia, vemos desfilar por sus páginas a un elenco de personajes y personajillos, bohemios y burgueses, cómicos y trágicos, que fueron "compañeros de viaje" del imperial amo estalinista. El libro se despliega así como una galería de retratos de un grupo generacional que giró como un anillo alrededor del Saturno comunista, siendo a la vez protegido y protector.

Entre todos esos astros o asteroides de luz turbia hay uno que sobresale por razones obvias: Federico Jorge Sánchez Semprún, que es como el autor llamaba a su hermano –mezclando su nombre auténtico con el nom de guerre– en el artículo antes citado, pues era una de las estrellas invitadas a la fiesta aniversario del PCF. Tratándose de una autobiografía, es lógico que la familia ocupe una parte del escenario, pero en este caso hay motivos añadidos para que esta figura tenga un papel central. Primero, por el material informativo que Carlos publica por primera vez y que termina de desmontar la leyenda que se forjaría Jorge. Y segundo, porque la gradual caída del hermano desde el pedestal del héroe al inframundo de los kapos (y luego de los inquisidores del Partido) representa el proceso por el cual el autor irá descubriendo las grietas del edificio o mausoleo ideológico y, en definitiva, las mentiras y estafas del comunismo.

En A orillas del Sena... la política, la ideología, la leyenda comunista forman el paisaje de fondo de las peripecias de una vida. Suele decirse que la vida es una aventura. Aunque así fuera, hay que reconocer que unas vidas abundan más que otras en sucesos y lances extraños. La que Semprún Maura relata no sé si es aventurera o aventurada. En cualquier caso, lo que aquí se nos ofrece es una vida plena de aventuras. Y un libro de plenitud. Pues éste, que se ha ido haciendo "a salto de mata" entre 1998 y 2006, se halla escrito con la fluidez, el ingenio y el dominio de quien ha adquirido la maestría narrativa que permite conducir sin manos.

El autor se nos presenta en 1944, en el momento en que la guerra llega a la puerta de la casa familiar, sita en la calle Auguste Rey, y nos deja en 1954, cuando en la calle del Dragón de la capital francesa redescubre a la bella mujer de la que se ha enamorado y desaparecen sus "resoluciones bolcheviques". Atrás habrán quedado las peripecias familiares, con un padre convertido por la guerra civil española en refugiado republicano y una madrastra que ejerce una férrea dictadura, así como las penurias de la posguerra y las estampas arrabaleras, con sus tardes de domingo en el salón de baile, y los primeros escarceos como militante comunista, en una célula donde la mayoría de los miembros eran policías, y no hablamos de infiltrados.

Con la madurez llega la militancia en serio y, entre otras misiones, el autor viajará al Madrid de mediados de los 50 en calidad de "enviado especial" del PCE. Allí le es dado a conocer algo que le sorprende: la dolce vita nocturna de la capital española bajo el franquismo, que recorre en compañía de Rafael Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite, Fernando Sánchez Dragó, Enrique Múgica o Javier Pradera, que es quien le conectará con los falangistas críticos con el régimen. Son unos pasajes altamente recomendables, en una época en que tanto se habla de "memoria histórica".

El libro no transcurre, sin embargo, linealmente entre ambas fechas (1944-1954) y pasará también por el 68, por los acontecimientos de mayo y sus secuelas y efectos, algunos quizás terapéuticos: todos los locos estaban en las asambleas y en la calle, y no hubo ingresos en los psiquiátricos: habría que estudiarlo, dice el autor; como pasará por épocas posteriores, siguiendo los zigzags de la asociación de recuerdos, lo que permitirá al lector saber cuál será el destino de algunos de los personajes.

Albert Camus, otro de los intelectuales que rompería su con el totalitarismo comunista, pensaba que la envidia por la vida de otros nace de la nostalgia por captar la vida propia como destino. En las vidas ajenas creeríamos descubrir la unidad y la coherencia que faltan en la nuestra. Es bien probable que mientras se recorren estas memorias de Semprún Maura, densas en anécdotas, sucesos y reflexiones, uno sienta envidia, sana o no, y en cualquier caso inútil. Pero el autor ha tenido el acierto de no corregir y forzar el rumbo siempre algo errático de la vida para dotarla de una forma acabada. Es más: no subraya siquiera la excepcionalidad de sus avatares. No hace falta. El resultado es, así, el contrario de ese tipo de obras en las que se intenta justificar a posteriori una biografía. Y en las que no hay nada más que lo que aparece. En las que no hay misterio. El misterio que siempre ronda a las vidas ajenas e incluso a la propia. Pero si hubiera que buscar algún indicador, alguna pista sobre la vida que este libro refleja, toparíamos con toda seguridad con las huellas de un espíritu libre.

Carlos Semprún Maura, A orillas del Sena... un español, Hoja Perenne, Madrid, 2006, 217 páginas.

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