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La Ilustración Liberal

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Cambio climático: ciencia, información, política y filosofía

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¿Qué es el cambio climático? Si dijéramos “clima cambiante”, sería el objeto central de estudio de la climatología, una disciplina científica aplicada que se apoya en la física, la química y la biología. El clima en la Tierra y su distribución geográfica han cambiado de manera incesante desde que existe la Tierra y lo seguirán haciendo en el futuro: una obviedad. Pero las palabras cambio climático dicen mucho más que esto; llevan siempre asociado, a veces de manera explícita pero siempre en elipsis, el calificativo antropogénico. O sea, la contribución de las actividades de la especie humana al cambio del clima. El esclarecimiento de esta contribución y sus consecuencias es el principal objetivo científico-político del IPCC (International Pannel for Climate Change), dependiente de las Naciones Unidas.

El sistema climático de la Tierra es de una enorme complejidad, y es imposible intentar hacer aquí siquiera un esbozo de la multitud de interacciones que tienen lugar entre océano, atmósfera, criosfera, biosfera, etc., siendo a su vez cada uno de estos elementos muy complejo en sí mismo. A día de hoy, forma ya casi parte de la cultura popular el hecho de que el anhídrido carbónico, es decir el CO2, ese gas que exhalamos con cada respiración y que las plantas absorben para crecer, es un gas de efecto invernadero. Quiere esto decir que este gas, que se encuentra en la atmósfera actualmente en una proporción de aproximadamente 400 partes por millón, reenvía más energía hacia la Tierra que la que devuelve hacia el exterior, y tiende por tanto a elevar la temperatura. Es éste un hecho de física elemental que está fuera de duda. Y la evaluación de la contribución de las actividades humanas a la concentración atmosférica de CO2 y la cuantificación de su influencia en la evolución del clima y sus consecuencias es un objetivo central del IPCC. Se trata sin duda de un reto científico formidable, no sólo por la complejidad del sistema (citemos a modo de ejemplo que el vapor de agua, que es mucho más abundante que el CO2, es el principal gas de efecto invernadero, pero también tiene un papel como enfriador vía la formación de nubes, y es el principal regulador de la temperatura en la atmósfera; pero aun así el efecto del CO2 no puede en absoluto despreciarse), sino también por la relativa escasez y falta de robustez de las mediciones de los parámetros climáticos, como por ejemplo la temperatura. Esta debilidad de los datos, unida a la complejidad del sistema, merma de manera importante la precisión y la fiabilidad de las predicciones o proyecciones de escenarios (en el lenguaje algo más vaporoso del IPCC) futuros.

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