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Iván Vélez

Plegarias podemítico-andalusíes

Nunca hubo tal convivencia entre musulmanes, judíos y cristianos en la idealizada Al Ándalus.

Iván Vélez
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Nunca hubo tal convivencia entre musulmanes, judíos y cristianos en la idealizada Al Ándalus.
La Alhambra de Granada. | Wikipedia / Tuxyso

Mi madre está todo el día rezando.
Ella es cristiana, mora y judía.
Mi madre está todo el día rezando.
Ella se llama Andalucía.

Con estos versos del grupo Califato 3/4 Isabel Franco, secretaria general de Podemos Andalucía y diputada de Podemos por Sevilla en el Congreso de los Diputados, se adornó durante una intervención transida del multiculturalismo que, a su juicio, caracterizó a Al Ándalus –que de manera indocta identifica con la actual Andalucía– antes de la irrupción de la Monarquía Hispánica (sic), responsable, a su decir, de “una enorme invasión, genocidio y ocultación”. De nada sirvió la sensiblera defensa de su compañero de partido, Pablo Echenique, que terció tuiteramente a su favor, aprovechando para insultar a Vox, pues las reacciones ante tal cúmulo de disparates no se hicieron esperar. Procede, pues, desmontar morosamente los argumentos, pretendidamente históricos, expuestos por Franco en sede parlamentaria. 

En este sentido, llama poderosamente la atención la apelación a una monarquía, la hispánica, que no existió en los idílicos tiempos que añora doña Isabel, nombre de la reina adjetivada papalmente como “católica”. Sea como fuere, la arcadia multicultural ultimada por la, según nuestra diputada, Monarquía Católica no fue quien rompió la armonía andalusí, pues aquel Estado, que entendemos que coincide con el califato, ya se fracturó en taifas durante el siglo XI. Unas taifa que, sépalo o no Franco, a menudo buscaron el amparo de los cristianos para defenderse u ofender a sus compañeros de hasta cinco rezos diarios. En definitiva, su señoría permanece cautiva del mito de las Tres Culturas, razón por la cual excluye de sus reivindicaciones regionales a los iberos –acaso entendidos como pueblo originario–, a los griegos y a los imperialistas romanos. Columbramos, puesto que habla de una Andalucía cristiana, que este credo estaría ligado a los visigodos…

Que Franco carece de una filosofía de la Historia solvente, capaz de despejar las ensoñaciones con las que se deleita, parece algo evidente. Su caso no es único, pues amplios sectores de la población española en general y de la andaluza en particular asumen la idea de un pasado de convivencia entre las tres religiones que el fanatismo cristiano se encargó de destruir. Sin embargo, un mínimo acercamiento a las fuentes historiográficas refuta tan nubladas visiones. Nunca hubo tal convivencia entre musulmanes, judíos y cristianos en la idealizada Al Ándalus. A lo sumo hubo una cohabitación o coexistencia no exenta de constantes desigualdades y tensiones. En la tierra coranizada, en la cual la presencia de esclavos era habitual, los judíos y los cristianos constituían colectivos marginados que sufrían un evidente señalamiento por unas leyes que, además de exigir el pago de elevados impuestos, les imponían grandes limitaciones de derechos. El avance cristiano, tras cuyas fronteras también se producían graves desigualdades, no supuso, por lo tanto, el colapso de un paraíso lleno de plegarias. De hecho, el flujo de cristianos y judíos hacia el norte fue constante, especialmente a partir del siglo XI, cuando a la Península llegaron los almorávides. El desplazamiento de este colectivo cristiano, que huía de los fanáticos musulmanes en pos de unas tierras menos hostiles, dio lugar al mundo mozárabe y al surgimiento de juderías.

Hechas estas urgentes precisiones, no podemos cerrar este comentario sin referirnos a la, por decirlo suavemente, cuestión judía, asunto que ocupa habitualmente a Podemos, partido que en sus fundacionales días recibió financiación de la República Islámica de Irán, la misma que sigue constituyendo una amenaza nuclear para Israel. En efecto, Unidas Podemos promueve la aprobación de unas mociones llamadas “BDS” consistentes en declarar a determinados municipios y ciudades “Espacios Libres de Apartheid Israelí”, fórmula que recuerda poderosamente el Judenfrei nazi que, a efectos prácticos, supone la exclusión de la actividad económica, cultural y social en esas poblaciones no sólo de las empresas y ciudadanos israelíes, sino de los españoles vinculados a Israel. Andalucía concentra el 25% de estos casos, que de momento la Justicia, gracias a la acción de asociaciones como ACOM (Acción y Comunicación sobre Oriente Medio), se ha encargado de desactivar. En la Andalucía de Isabel Franco, los judíos podrán rezar todo lo que quieran, si bien lo harán en evidentes condiciones de marginalidad.

Bien sabemos que estos argumentos son estériles ante una podemita recién comulgada de multiculturalismo, como en el franquista caso que nos ocupa. Sirvan estas líneas como preservativo para aquellos que todavía no han sido alcanzados por la matriarcal ensoñación andalusí.

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