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El 'Oro' de Díaz Yanes

Bajo su baño de sangre, más allá de la tensión sexual, ofrece aspectos a menudo soslayados en este tipo de producciones.

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Precedida por una serie de desafortunadas declaraciones de algunos actores que nos recuerdan el "escultor, trabaja y no hables" de Goethe, Oro, de Agustín Díaz Yanes, basada en un relato inédito de Pérez Reverte, ha llegado finalmente a los cines. Ambientada en 1538, Oro narra el viaje de un grupo de españoles en pos del mítico El Dorado que, convertidos en fugitivos, se enfrentan a la selva y a los indígenas mientras son perseguidos. Con precedentes cinematográficos fácilmente adivinables –Herzog, Saura–, no son pocas las críticas recibidas por el episodio histórico escogido y por la incorporación de algunos de los clásicos temas negrolegendarios –codicia, fanatismo religioso, Saco de Roma- a una película que, no obstante, contiene valiosos destellos.

Dejando al margen otras perspectivas críticas, Oro, bajo su baño de sangre, más allá de la tensión sexual propiciada por la magnética presencia de Doña Ana, ofrece aspectos a menudo soslayados en este tipo de producciones. Se trata, en definitiva, de una película que no puede reducirse a la pura recreación de la deriva de Aguirre, y que bebe, lógicamente, de las crónicas españolas, de ahí que en determinados pasajes como la raya hecha en el suelo por la espada de Gorriamendi, podamos entrever de dónde proceden algunas de sus escenas. Del reparto destacan dos personajes que encarnan dos perspectivas diferentes en relación al objetivo de la expedición. Mientras el alférez Juan de Gorriamendi, encarnado por un Óscar Jaenada de piráticas trazas, representa las formas más violentas, ligadas a su búsqueda exclusiva de oro, el trujillano Martín Dávila, soldado del rey, desea conocer mundo, alcanzar fama y fortuna, ideas muy presentes en la época, asumidas gracias a los modelos reales de los conquistadores, principalmente el de Hernán Cortés, pero también gracias a lecturas como el Tirante. Una fama trascendente, consistente en buscar que las acciones protagonizadas en vida tengan su eco en la eternidad.

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