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El Imperio y los gusanos

Más allá del sanguinario estereotipo, el de Medellín debió más a sus habilidades empresariales y diplomáticas que al filo de su espada.

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"Y en nuestro último beso / mordimos el gusano del mezcal. / Y en nuestro último beso / mordimos de la noche el final". La letra corresponde al músico español Javier Corcobado, que incluyó estos versos en la canción "Dientes de mezcal", integrada en su disco Arco iris de lágrimas (DRO 1995). Descansando sobre el fondo de la botella, el gusano del maguey, como las calaveras o las máscaras de la lucha libre, forma parte de la iconografía mexicana más popular. Sin embargo, como en tantas otras ocasiones, la tradición no es sino puro y reciente artificio. Destilado desde antaño, el gusano se incorporó al mezcal hace menos de un siglo. Cuatro centurias después de que el hypopta agavis quedara empapado en alcohol, otro insecto mucho más valioso cobró gran protagonismo en la Nueva España: el gusano de seda. Tan frágil animal, y la industria que gravitó sobre él, resulta de enorme utilidad para refutar una extendida visión esgrimida por conspicuos representantes de la Academia, capaces de definir al Imperio español como una grosera suma de minas y esclavos.

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