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Las Casas vs. Sepúlveda. A propósito de la guerra justa

Sepúlveda planteó una tutela no estrictamente religiosa, sino también política, aquella que permitiera a los indios alejarse del estado de barbarie.

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Juan Ginés de Sepúlveda. Grabado de Juan Barcelón para los 'Retratos de españoles ilustres' | Wikipedia

El 22 de diciembre de 1520, ante el escribano Juan de Ribera, Hernán Cortés dictó en Tlaxcala las Ordenanzas militares y civiles, que fueron pregonadas por la ciudad aliada antes de la partida del ejército hispano-tlaxcalteca hacia Tenochtitlan, ciudad que fue definitivamente tomada el 13 de agosto de 1521. En ellas se podía leer lo siguiente:

Cortés dejaba meridianamente clara la motivación y los objetivos de una conquista que respondía a las responsabilidades legales que Alejandro VI había otorgado a España en el Nuevo Mundo. En las bulas alejandrinas, redactadas inmediatamente después del regreso de Colón, se exigía la conversión de los habitantes de las nuevas tierras. A estas tareas se encomendó, con un grado de total autonomía con respecto de Roma expresado a través del Real Patronato, la Corona española, responsable del ingreso en la Ciudad de Dios de aquellos que en principio se hallaban dejados de su mano. Nadie mejor que Cortés, que al cabo había construido toda una arquitectura legal que le vinculara con los reyes –Carlos y Juana– y le permitiera romper vínculos con la Cuba de Diego Velázquez de Cuéllar, para llevar adelante esa tarea. Con la reducción al conocimiento de Dios de los naturales, Cortés aparece como el devoto católico que siempre fue, pero también como un riguroso observador de las disposiciones legales que, con tanto talento como astucia, supo manejar.

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