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Riego, símbolo de la veleidad popular

Al conocer la noticia de su ahorcamiento, Fernando VII levantó una copa para brindar con socarronería: "¡Viva Riego!".

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Rafael del Riego, asturiano de familia hidalga, era un teniente coronel que en 1819 formaba parte del ejército reunido en Andalucía para ir a sofocar los movimientos independentistas de las colonias americanas. En vez de embarcarse en aquella aventura, el 1 de enero de 1820 el audaz militar proclamó en Cabezas de San Juan (Sevilla) la Constitución de Cádiz, y hacia finales de mes comenzó con sus tropas un periplo que lo llevaría por otras poblaciones andaluzas, en las que repitió la proclama, restableciendo las autoridades constitucionales y confiriendo la libertad a los presos políticos. El ejemplo cundió pronto en La Coruña, Oviedo, Murcia, Zaragoza, Barcelona. El Conde de La Bisbal, encargado por el Gobierno realista para combatir la insurrección en el sur, prefirió proclamar también él la Constitución en Ocaña. El 6 de marzo, Fernando VII intentó sortear el trance convocando a Cortes por estamentos, pero un día después los revolucionarios vaciaban las cárceles y el monarca se vio obligado a aceptar la Carta Magna.

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