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"Latino-catalanes"

Sería una marrullería que los hispanoamericanos resentidos contra España pretendiesen realizar sus ideales indigenistas en los proyectos del nacionalismo catalán.

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Gabriel Fernández, el concejal de ERC que anima a los 'latino-catalanes' a votar por la independencia | blogs.uab.cat

Viene en ABC que un concejal de Sabadell por ERC, nacido en Montevideo, ha redactado una arenga dirigida a los latinoamericanos que viven en Cataluña ("latino-catalanes", los llama) para que voten en el famoso 1-O y "hagan posible", también ellos, la independencia de aquellas tierras. Según él, los secesionistas catalanes proceden "igual que lo hicieron nuestros pueblos y países de nacimiento hace más o menos unos 200 años", argumento al que añade otras lecciones de historia tan agudas como las que siguen:

No sé si vale la pena enzarzarse con precisiones que ciertamente no serían decisivas para mover la opinión de nadie sobre el asunto de Cataluña, pero que al menos dejarían en evidencia la incontenible manía del nacionalismo y de la izquierda por deformar la historia para alimentar la visión maniquea que presentan siempre del mundo. Cabría corregir, por ejemplo, apuntando que el gran mérito de la Constitución de Cádiz fue precisamente el de que los españoles –americanos incluidos– dejasen de ser súbditos del rey y se convirtiesen en ciudadanos, únicos titulares de la soberanía nacional (como se establecía en el artículo 3). Los líderes americanos no podían por menos que demostrar su simpatía por ese principio, según dejaron escrito en múltiples declaraciones; y si al final prefirieron embarcarse en la empresa de la independencia no fue, naturalmente, por que lo combatiesen, sino porque dudaban (con razones muy fundadas) de que pudiese hacerse efectivo. Pero ninguno dejaba de comprender que si algo lograba la Constitución gaditana era que los territorios americanos se integrasen a España no sólo "de hecho" –como dice el texto del concejal, no se sabe si tirando de muletilla o con todo el significado de la expresión–, pues, al otorgar a esos territorios representación en las Cortes españolas, la Pepa fundaba en la ley y en el ideal democrático la existencia de una nación que se extendía igualitariamente por ambos hemisferios y en la que sus diversas partes concurrían a decidir el destino común mediante el ejercicio de sus derechos políticos. Tal y como los ejercen hoy los catalanes para resolver sus asuntos propios y para participar de los del conjunto de la nación española, sin tener ninguno de los motivos que tuvieron los hispanoamericanos para recelar del verdadero alcance de tales prerrogativas. ¿Qué motivos eran esos? Pues, básicamente, tres: 1) creer que el régimen constitucional sucumbiría más temprano que tarde ante la ofensiva de una potencia extranjera (el imperio napoleónico: ese peligro evidentemente no existe hoy para los catalanes); 2) la dudosa legitimidad del Gobierno y de las Cortes gaditanas, improvisados en medio de una emergencia y actuando con las facultades de un rey ausente (por el contrario, el sistema constitucional de 1978 se basa en el apoyo democráticamente expresado de los españoles a la Constitución, habiendo sido la provincia de Barcelona la más entusiasta en manifestarlo); y 3) el problemático censo, que diferenciaba entre españoles y ciudadanos, y que en el reparto de los escaños dejaba América en una situación de infrarrepresentación respecto de su peso demográfico (los catalanes de hoy no sólo no tienen ese problema, sino que sus partidos independentistas desempeñan no pocas veces un papel clave en la vida política nacional).

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