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Torpedo contra la masificación

Quien desee conocer a fondo cómo se desarrolla el lavado de cerebros que conduce a la masificación consentida ya dispone de una guía rigurosamente documentada.

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Quien desee conocer a fondo cómo se desarrolla, paso a paso, el lavado de cerebros que conduce a la masificación consentida ya dispone de una guía rigurosamente documentada: Totalismo, del ensayista y periodista Miquel Porta Perales (ED Libros, 2016), donde la plétora de información convive con la amenidad y con una buena dosis de humor cáustico. Un torpedo contra la masificación que desenmascara a sus gestores.

Los pelos de punta

Porta Perales explica que el término totalismo lo empleó por primera vez el psiquiatra estadounidense Robert Jay Lifton en su obra Thought Reform and the Psychology of Totalism: A Study of ‘Brainwashing’ in China (1961), basado en entrevistas con exprisioneros de la guerra de Corea y súbditos huidos de la República Popular China. Todos ellos habían sido sometidos a un proceso de adoctrinamiento que Lifton etiquetó como "reforma del pensamiento". Nuestro autor lo sintetiza así:

El totalismo modula y controla a la carta –esto es, en función de intereses u objetivos– la concepción del mundo, el pensamiento, la ideología y la acción de los individuos. Conviene no confundir totalismo con totalitarismo. La diferencia radica en que mientras totalitarismo –para sacar a colación la definición de la Real Academia Española– se aplica a "la doctrina y regímenes políticos, desarrollados durante el siglo XX, en los que el Estado concentra todos los poderes en un partido único y controla colectivamente las relaciones sociales bajo una sola ideología oficial" y proviene de la sociedad política, totalismo es una manifestación de la sociedad civil (aunque bien es cierto que la sociedad política puede impulsar prácticas totalistas).

La enumeración de los criterios, que abarca el "rito de iniciación", la "coerción psicológica" o la "persuasión coercitiva", pone los pelos de punta, sobre todo porque el lector atento descubrirá enseguida muchas analogías con la experiencia que estamos viviendo: demonizar a un adversario convertido en enemigo, sustituir las dudas por una verdad inconmovible, construir un nosotros enfrentado a ellos, establecer que la redención sólo es posible dentro del grupo, y así sucesivamente. Y la descripción de los métodos empleados para lograr que "el individuo asuma e interiorice como propio, de manera inconsciente, un comportamiento inducido" no es menos terrorífica porque refleja nuestra realidad cotidiana. Los experimentos de la politóloga alemana Elisabeth Noelle Neumann sobre estos métodos llevan a Porta Perales a la conclusión de que

la mayoría de los individuos aceptan la opinión mayoritaria aunque ello implique ir contra su percepción personal de la realidad.

Estupidez sin límites

Existe un factor que refuerza el proceso de despersonalización y masificación, factor este que el autor tiene el valor de destacar aunque resulte chocante: la estupidez.

El problema del estúpido –elija usted el sinónimo más adecuado según la circunstancia: necio, ignorante, pesado, presumido, vanidoso, presuntuoso, jactancioso– es que siempre está dispuesto a entrometerse, subsanar, enderezar o auxiliar con el objeto de marcar la línea correcta que hay que seguir –lean ustedes cómo hemos de ser y comportarnos– bajo amenaza de exclusión social, política, cultural o ideológica. En este sentido, la estupidez del totalismo no tiene límites.

A partir de esta premisa de la estupidez sin límites, Porta Perales inicia un largo y alucinante recorrido por los vericuetos del totalismo. Un fenómeno que abarca muchas corrientes, algunas enfrentadas entre sí, aunque todas recitan el mismo mantra para masificar al personal: sigue nuestras instrucciones y obedece nuestras órdenes y serás feliz. La felicidad a bajo precio es el señuelo mágico.

"El retorno de los charlatanes y la pandemia de la credulidad favorecen la implantación del totalismo", alerta el autor, antes de burlarse cartesianamente de los disparates de la autoayuda, "totalismo banal que comparte un aire de familia con los cuentos de hadas". Un género, la autoayuda, que cultivan con lucrativo ahínco Rhonda Byrne y Paulo Coelho. Castiga luego la superstición con las sabias palabras de Voltaire. Y no es menos severo con las pretensiones terapéuticas de la homeopatía, desprovistas de respaldo científico.

Crudamente totalitario

El capítulo siguiente empieza arremetiendo contra las tres variantes del "pensamiento flácido", que el autor cataloga como manifestaciones del pensamiento único en España: el proselitismo buenista, el adanismo juvenista o efebocracia y –¡estupendo hallazgo!– el marxismo-leninismo-lennonismo. Del irracionalismo de los tres da abundantes ejemplos, pero la originalidad reside en la inclusión del "lennonismo", que le sirve para denunciar la matriz derrotista de un pacifismo suicida que abarca desde el célebre "Imagine" de John Lennon hasta algún poema cursi de Federico Mayor Zaragoza, y que deja nuestra civilización inerme frente a sus bien pertrechados enemigos de toda laya.

Igualmente documentada es la ofensiva de Porta Perales contra los dogmas totalistas que el feminismo y el ecologismo radicales ambicionan imponer a toda la sociedad. Y para alimentar nuestras pesadillas, el autor cierra el capítulo con una disección minuciosa del futuro totalista y, esta vez sí, crudamente totalitario que nos tienen reservado dos personajes con poder político en el Ayuntamiento de Barcelona: Gerardo Pisarello y Jaume Asens. Ese futuro con aires castristas, chavistas y titoístas (sic) lo exponen en los libros que firman conjuntamente: Procesos constituyentes. Caminos para la ruptura democrática (2014) y En defensa del derecho a la protesta (2014).

Iniciativas ridículas

No podía faltar, en este torpedo contra la masificación, un capítulo dedicado al monoculturalismo y el multiculturalismo, con sus respectivas ramificaciones. El tema lleva nuevamente al terreno peliagudo del nosotros y el ellos, cada vez más complicado por la aparición de un ellos que se encarna en el terrorismo yihadista. Frente a iniciativas ridículas como la de la Alianza de Civilizaciones, Porta Perales se pregunta:

¿Hay que aceptar diferencias culturales como el castigo corporal, el repudio de la mujer, el matrimonio impuesto, el desigual valor del testimonio del hombre y la mujer en un juicio, la sola filiación legítima paterna, la discriminación de la hermana respecto del hermano en la herencia, o el burka? (…) ¿Qué hacer con aquellas culturas y/o sujetos culturales que se niegan a compartir valores y tratan al Otro como un infiel al que hay que combatir o incluso exterminar? ¿Qué hacer con aquellas culturas y/o sujetos culturales que rechazan el diálogo y pretenden la creación de una sociedad paralela al margen de la de acogida?

Después de analizar varias alternativas, el autor se decanta por un fundado y emotivo homenaje a Oriana Fallaci, sobre cuya obra, identificada con el monoculturalismo defensivo, se explaya respetuosamente.

Un manifiesto espeluznante

El capítulo dedicado a los totalismos españoles se abre con un torpedo conservador liberal contra dichos totalismos. Su referente es Cartas a un joven español, de José María Aznar. Dirigiéndose a un interlocutor ficticio, Aznar reivindica que

España es, no una nación de naciones, ni un Estado plurinacional, sino una sola nación con sus luces y sombras, una nación de ciudadanos libres e iguales ante la ley, una nación en que la lengua castellana convive con las demás del país. En definitiva, la unidad de España como un todo. Una España que no se negocia. Sin concesiones. (…) Y se le previene de unas utopías que abren la vía hacia el despotismo con el pretexto de construir un hombre nuevo y una sociedad mejor.

Porta Perales sitúa al PSOE en un péndulo cuyas oscilaciones sigue a lo largo de la historia, hasta llegar al papel positivo que desempeñó durante la Transición y la recaída, con el bufón Rodríguez Zapatero, en "el regusto sectario del peor PSOE" y en "una política que rompe con la tradición de Felipe González". El autor no llegó a tiempo para retratar al entreguista Pedro Sánchez negociando en las cloacas el contubernio del PSOE con la patulea marxista-leninista-lennonista de Podemos y con los secesionistas..

Los torpedos contra el totalismo en España se multiplican con una profusión de datos y textos que ponen en la picota tanto el racismo heredado de Sabino Arana, por la derecha, como la violencia y el vandalismo producidos por la degeneración del quincemayismo, por la izquierda. El libro reproduce un manifiesto espeluznante titulado Que tiemblen [los burgueses], firmado por la Organización Juvenil de la Izquierda Independentista de los Países Catalanes, integrada en la CUP, y completa el panorama esperpéntico con una visita a Marinaleda, el "Disneylandia de izquierda", una comuna andaluza sin ley, que sostenemos todos los españoles con nuestros impuestos.

El título del capítulo siguiente lo dice todo: "El totalismo identitario y la felicidad prometida – Un populismo nacionalista en Cataluña, un totalismo pretencioso enfermo de pasado". Un compendio de ironía desmitificadora que demuele sin complejos ni compasión los pretextos atrabiliarios del secesionismo y que merece un artículo aparte. A la espera de que este aparezca, los buscadores de información veraz disfrutarán leyendo el libro completo.

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