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Iván Vélez

Cuando los dioses nacían en Extremadura

No siempre se tuvo a Cortés como un asesino o un genocida, que tales acusaciones son las que suele recibir desde la autodenominada izquierda.

Iván Vélez
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No siempre se tuvo a Cortés como un asesino o un genocida, que tales acusaciones son las que suele recibir desde la autodenominada izquierda.
Portada del libro | Amazon

Apenas un par de meses antes de que se cumplan los quinientos años de la llegada de Hernán Cortés a las playas de Veracruz, todo parece indicar que el mayor peso conmemorativo lo llevarán las telepantallas. Desde hace tiempo se tiene noticia de una miniserie de televisión que emitirá Amazon, en la que el conquistador metelinense será interpretado por Javier Bardem, dirigido por Spielberg con guión de Steven Zaillian. Paralelamente, actor español Óscar Jaenada protagonizará la serie Hernán. El hombre.

Junto con un congreso que se celebrará en el Medellín natal de Cortés, estos son, al parecer, los únicos acontecimientos cortesianos que tendrán lugar este año, después de que el ministro de Cultura, Jose Guirao, confesara, en relación a organizar algo en tierras mexicanas, que se trata de un tema "complicado". Las palabras de Guirao muestran hasta qué punto los complejos históricos siguen vigentes entre las fuerzas de la Cultura. En vista de esta omisión, el hueco conmemorativo dejado por el Gobierno ha sido inmediatamente ocupado por una iniciativa del partido Ciudadanos que ha servido para que, una vez más, Podemos exhiba toda su carga negrolegendaria y para que el PSOE señale, con acierto, que ya el anterior Gobierno debiera haber previsto estos fastos. El tiempo dirá, en un momento político tan convulso como el actual, en qué queda esta esta propuesta.

Sin embargo, si este es el panorama actual, no siempre fue así. Para decirlo de otro modo, no siempre se tuvo a Cortés como un asesino o un genocida, que tales acusaciones son las que suele recibir desde la autodenominada izquierda. Prueba de ello es el libro que vamos a comentar y el contexto en el que fue escrito. Nos estamos refiriendo a Cuando los dioses nacían en Extremadura, obra del escritor falangista Rafael García Serrano, que vio la luz en 1949, dos años después de que se hallaran los restos mortales del conquistador. La obra del autor de Diccionario para un macuto no era la primera aproximación a la figura de Cortés en los años de posguerra. En 1940 Ramón J. Sender publicó una obra de teatro con el título Hernán Cortés. Retablo en dos partes (Ediciones Quetzal, México), que se imprimió gracias a una editorial por él fundada y en la que el conquistador, hombre atormentado y resentido, no sale muy bien parado, a pesar de que se valoren sus triunfos. Situado en los antípodas ideológicos de Sender, Rafael García Serrano escribió la obra referida como respuesta a un concurso de guiones cinematográficos convocado por el Instituto de Cultura Hispánica, organismo que trataba de buscar en América lo que se negaba en Europa. El guión fue escrito conjuntamente con Alberto Crespo y suponía una réplica a la película norteamericana Capitán de Castilla.

Presentado como un héroe asistido por la Providencia, el Cortés que se recorta en las páginas de esta obra bebe fundamentalmente de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, y de las Cartas de Relación del propio Cortés. En una muestra de sinceridad, el escritor navarro confesó que se sirvió del Hernán Cortés de Madariaga a pesar de que en la obra del escritor liberal Cortés parece "un alumno de la Institución Libre de Enseñanza con bolsa de viaje en Ginebra". Estas palabras de García Serrano no impidieron que Madariaga declarara que se trataba de la mejor novela sobre la conquista.

Hija de su tiempo, Cuando los dioses nacían en Extremadura constituye una trepidante aproximación a un puñado de hombres de acción incompatibles con las alternativas indigenistas, genéricas, incluso ecologistas que se plantean con el propósito de anular la obra de aquel que, según Bernal, dejó atrás su casa para "comer con trompetas o morir ahorcado".

Iván Vélez, presidente de la Fundación Denaes.

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