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José Sánchez Tortosa

Y nos quedó el silencio

El Holocausto se presenta como el modelo más desarrollado de la capacidad destructiva del hombre sobre el hombre.

José Sánchez Tortosa
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Veníamos de escuchar al profesor David Bankier en sus disertaciones sobre el desarrollo del Holocausto en las aulas de Yad Vashem, la Autoridad para el Recuerdo de los Mártires y los Héroes del Holocausto, situada en la Colina del Recuerdo de Jerusalén. Allí también tuvimos la ocasión de escuchar al violinista e ingeniero Jack Strumza, uno de los cerca de 46.000 judíos de Salónica que, desde marzo a agosto de 1943, fueron forzados a salir de su tierra y enviados a los campos de exterminio y trabajo alemanes en territorio polaco. (…)

El profesor Bankier nos había enseñado la misión del observador de un acontecimiento histórico. El observador es alguien que se encuentra desligado de las acciones del acontecimiento y, por consiguiente, si pretende llevar a cabo un análisis formal del mismo, la manera de menor contaminación para acercarse a su entendimiento es el uso de la metodología clásica, es decir, la búsqueda de un conocimiento material desligado de las categorías emocionales: un análisis formal de las causas y efectos desprendido de cualquier valoración afectiva. Una vez realizado este análisis, queda abierto el abanico de juicios de intención y de valor objeto de una actividad analítica humanística.

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