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Iván Vélez

Pablo Martí Zaro. La fe y las tablas

En aquellas tertulias de café se hablaba de figuras literarias, pero también de alternativas ideológicas a la hegemónica. Algunas de ellas comenzaron a canalizarse bajo la aparentemente neutra atmósfera cultural.

Iván Vélez
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En aquellas tertulias de café se hablaba de figuras literarias, pero también de alternativas ideológicas a la hegemónica. Algunas de ellas comenzaron a canalizarse bajo la aparentemente neutra atmósfera cultural.
Portada de 'Nuestro hombre en la CIA' | Encuentro

Nacido en Madrid el 12 de agosto de 1919, fruto de la relación entre el comandante de la Guardia Civil Pascual Martí Pablo e Ignacia Zaro López, el muchacho pasó con su madre a Francia en 1934, estancia en la que perfeccionó su conocimiento del idioma. Movilizado por el bando franquista, una medalla de campaña y una cruz roja del mérito militar adornaron su historial bélico. Terminada la guerra, retomó sus estudios de perito agrícola y regresó a Madrid tras una breve estancia en Pamplona.

En la capital, Pablo Martí Zaro visitaba a diario la Congregación Mariana de Nuestra Señora del Buen Consejo y San Luis Gonzaga, uno de los instrumentos de acción de los jesuitas y comúnmente llamada Los Luises, especialmente el Círculo de San Pablo. Allí se relacionó estrechamente con el padre Jose María Llanos S. J. y con el padre Ángel Carrillo de Albornoz S. J., hombre próximo a José Millán-Astray, que llegó a ser director mundial de las Congregaciones Marianas Universitarias antes de abandonar la Compañía en 1951, luego de hacerse pastor protestante y fundar una familia.

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