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Iván Vélez

El bandolerismo español

La del bandolero es, junto a la de las majas, los gitanos y los toreros, una de las estampas más recurrentes de la imagen romántica de España.

Iván Vélez
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La del bandolero es, junto a la de las majas, los gitanos y los toreros, una de las estampas más recurrentes de la imagen romántica de España.
Portada de la obra | Editorial Catarata

Para la generación a la que pertenezco, la melodía de Waldo de los Ríos con la que se abrían los capítulos de la serie Curro Jiménez es sólo comparable con la que daba inicio a El hombre y la Tierra. Recortadas sobre el horizonte, las siluetas de El Estudiante, El Algarrobo, El Gitano y El Fraile galopaban al lado de Sancho Gracia, actor encargado de encarnar al bandolero más televisivo. Acaso este recuerdo infantil sea el que me ha llevado a leer el reciente libro de Enrique Martínez Ruiz, El bandolerismo español (Catarata, 2020), obra en el cual se aborda un fenómeno popular del que tuve un primer conocimiento gracias a mi abuela Catalina, que me recitaba una coplilla de Diego Corrientes y su caballo tratando, a menudo en vano, de darme de comer.

La del bandolero es, junto a la de las majas, los gitanos y los toreros, una de las estampas más recurrentes de la imagen romántica de España. De hecho, en Ronda existe un Museo del Bandolero consagrado a aquellos hombres echados al monte, generosos con los pobres, mujeriegos y hábiles manejadores del trabuco y la navaja. Sin embargo, a pesar del arraigo de semejante imagen, la variedad de bandoleros que en España han sido excede al citado modelo, acuñado entre el final del siglo XVIII y la centuria posterior. Un modelo que contó con precedentes como el que aparece en El Quijote, cuando el Caballero de la Triste Figura trata de calmar a Sancho con estas palabras:

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