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Terroristas de la 'justicia social'

Cuanto más subrayemos la universal condición humana, menos importarán los compartimentos estancos de la clase, la raza o el género.

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Lindsay Shepherd, profesora de la Universidad canadiense de Wilfrid Laurie | Imagen de vídeo

Los cerebros tienen sexo. El de los hombres pesa más, mientras que el de las mujeres tiene más conexiones entre ambos hemisferios (y en los hombres predominan las conexiones dentro de cada hemisferio). Pero estas diferencias sexuales de los cerebros solo crean inclinaciones, tendencias, que no tienen por qué ser determinantes sobre los comportamientos y mentalidades.

Es cierto que la diversidad y pluralidad de estilos mentales favorece la riqueza de ideas de una sociedad, por lo que debemos procurar que dicha diversidad tenga el mayor número de oportunidades de expresarse. Pero cualquier tipo de clasificación en nombre de colectivos cerrados (ya sea la raza, la clase o el género) es una cortapisa para que se desarrolle la diversidad radical, que reside en los individuos y no en los colectivos. Cuanto más subrayemos la universal condición humana, basada en la conciencia racional, menos importarán los compartimentos estancos de la clase, la raza o el género. Los cerebros tienen sexo, pero las mentes no tienen género. Cabe clasificarlas por su valía en relación a los méritos, pero es su pertenencia a la especie humana, caracterizada fundamentalmente por su capacidad racional, la que les hace susceptibles de respeto absoluto.

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