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Xavier Reyes Matheus

Carmen indultada

Lo que representa la 'Carmen' de Florencia no es sino el estadio terminal de esa pendiente por la que se ha deslizado la ópera en las últimas décadas.

Xavier Reyes Matheus
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Cartel antiguo que anuncia una representación de 'Carmen' | Archivo

Lleva días coleando en la prensa el escándalo producido en Florencia por el montaje de una Carmen donde al final se vuelven las tornas y es la protagonista quien mata a Don José; edificante solución del director de escena, Christian Chiarot, contra la violencia machista de la obra de Bizet. Parece que al ver el nuevo desenlace la sorpresa de los espectadores fue mayúscula; pero yo creo que la más sorprendida tenía que haber sido la propia Carmen, que, si nos atenemos a la letra del libreto, no albergaba la menor duda de que pagaría con la vida el talante liberal de sus pasiones amorosas. Así lo deja claro en la famosa escena de las cartas, y así se lo escupe en la cara al propio Don José poco antes de que brille la hoja del puñal en el escenario: "Je sais bien que c'est l'heure, je sais bien que tu me tueras…". Tal convicción fatalista se debe a que Carmen es, digamos, de etnia gitana, como supongo yo que preferirían calificarla los artífices de la producción florentina. Suerte para el señor Chiarot que le quedaban pocos compases de música después de hacerle añicos a la heroína su supersticiosa fe en el destino, porque si hubiese contado con más actos por delante habría tenido que someter su corrección política a la disyuntiva de no aculturar a Carmen o de emanciparla de su raza convenciéndola de ir a la universidad y de cambiar la baraja por las ciencias sociales.

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