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Valtonyc rapea "¡Fuego!" en un teatro

Ha dicho Inés Arrimadas que “el arte es libre”. Pero precisamente porque es libre no pueden los artistas ser irresponsables ni impunes.

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Valtonyc | Youtube

Loquillo cantaba en los 80 aquello de "por favor, sólo quiero matarla, a punta de navaja, besándola una vez más". Pero era meridiano para cualquier espectador atento, cultivado e inteligente (tres categorías fundamentales para saber, en primer lugar, cuándo el arte es arte y, además, cuándo el arte es excelente y no basura con ínfulas) que el intérprete, Loquillo, es diferente al protagonista de la historia de la canción, un asesino pasional. Loquillo al cantar "La mataré" no se comprometía con el contenido de las letra sino que recreaba una historia de ficción, del mismo modo que Tony Curtis hacía del Estrangulador de Boston en la película homónima. Algo semejante pasa con "Fueron los celos" de La Unión, "Perlas ensangrentadas" de Alaska y Dinarama, "Sí, sí" de Los Ronaldos, "La maté porque era mía" de Platero y tú… que podrían sufrir reproche social pero no penal porque su forma es la de una ficción que refleja la realidad de las contradicciones de la naturaleza humana, sin que haya una incitación a la violencia contra nada ni nadie. Si, acaso, todo lo contrario, ya que tratan de exponer lo absurdo y nefasto del asesinato como método de resolución de conflictos. Valtonyc no solo profiere en su propio nombre amenazas e injurias, sino que se compromete con dichas acciones violentas, porque su ideología de extrema izquierda las considera actuaciones políticas legítimas.

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