Menú
Iván Vélez

Ante los crímenes horrendos

Gustavo Bueno acuñó la expresión 'eutanasia procesal' como solución para los autores de los peores crímenes.

Iván Vélez
0
Iván Vélez - Ante los crímenes horrendos
Edvard Munch, "El grito" (detalle).

Todas duelen, la última mata. Este y otros lemas similares solían orlar los relojes de sol tallados en las torres de las iglesias. Olvidados tras la irrupción de las ruedas dentadas y las esferas de vidrio, los viejos relojes, junto a sus apocalípticas leyendas, luchan contra la erosión. A cada hombre, así podemos leerlo en muchas de las frases que acompañan a las piedras rayadas por las horas, le corresponde una delgada línea de sombra tras la cual –Ab ultima aeternitas– aguarda la eternidad. "Murieron de su muerte": con esta expresión, Bernal Díaz del Castillo cerró la biografía de muchos de los compañeros que expiraron naturalmente hace medio milenio. En suma, todo hombre sabe que ha de enfrentarse a una última e incierta hora.

Sin embargo, aunque la mayoría de nuestros congéneres mueren "de su muerte", algunos pierden la vida a manos de otros. Concretamente, en España la tasa de homicidios es de 0,6 por cada 100.000 habitantes. En cuanto a la clasificación por sexos, aunque los hombres matan mayoritariamente a hombres, una mujer española tiene un 0,000168% de posibilidades de morir a manos de un varón. Dentro de este último grupo, algunos homicidios han causado un gran impacto gracias a su dimensión mediática. Toda España pudo asistir a los momentos posteriores al hallazgo de los cadáveres de las niñas de Alcácer. Más de veinticinco años después, la desvaída imagen del desaparecido Antonio Anglés habita todavía en el recuerdo de muchos. Recientemente, otros crímenes cometidos contra mujeres han saltado a las pantallas. Entre ellos destaca el de Diana Quer, cuya muerte siempre irá aparejada a los jalones telefónicos que condujeron a la detención de José Enrique Abuín, el Chicle, autor confeso del crimen cometido en una cálida noche de agosto. Por el lado femenino, pues no son los hombres ni las mujeres sino los asesinos los que matan, Ana Julia Quezada sobrecogió a la nación cuando se supo que era la causante de la muerte del niño Gabriel Cruz. Esta misma semana, la aparición del cuerpo sin vida de Laura Luelmo ha recuperado el debate en torno al endurecimiento de las penas aplicadas a los criminales. El concepto de prisión permanente revisable, lindero con el clásico de cadena perpetua, ha vuelto a ser discutido y ha servido para alimentar la secular polarización ideológica española. Aquellos que se decanten por su aplicación quedarán asociados a una derecha que apenas ha sacado la cabeza de la caverna, mientras que los favorables a la reinserción, alcanzable por la suave vía pedagógica, quedarán ligados a la autodenominada izquierda. Conservadores y progresistas, por evitar términos más gruesos, se distinguirán, además de por otros muchos aspectos, por el trato dado a los autores de acciones horrendas. No obstante, pese a la operatividad ideológica que ofrece el posicionamiento frente a tales actos, la cuestión dista mucho de servir como criterio para el establecimiento de tan maniquea clasificación.

¿Quieres leer el artículo completo?

Y de paso navegar sin publicidad
HAZTE SOCIO