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Santiago Navajas

¿Cuántos latigazos cuesta un hiyab?

La más urgente tarea del feminismo liberal consiste en conseguir que las mujeres musulmanas tengan la posibilidad del desvelamiento sin preocuparse por el látigo o el oprobio, la cárcel o el acoso.

Santiago Navajas
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La más urgente tarea del feminismo liberal consiste en conseguir que las mujeres musulmanas tengan la posibilidad del desvelamiento sin preocuparse por el látigo o el oprobio, la cárcel o el acoso.

Tras el atentado islamófobo de Nueva Zelanda, en el que fueron asesinados decenas de musulmanes, la primera ministra neozelandesa propuso solidarizarse con la población islámica. Podría haber citado alguna frase del Corán o de algún filósofo o poeta musulmán. Por ejemplo, en la sura 164 puede reconocerse cualquier persona con un mínimo de inteligencia y sensibilidad:

O, citando el intelectual tunecino Mohamed Charfi, podría haber respaldado a los que dentro del orbe islámico defienden que un islam compatible con la democracia y la libertad es posible:

Sin embargo, la gobernante neozelandesa prefirió subrayar lo que une al islam con la reacción retrógrada y el símbolo más publicitado de esa prisión a la que se refirió Charfi: el hiyab. Tanto la primera ministra como las presentadoras de la televisión se cubrieron con un velo como si fuese un homenaje al islam en general y a las mujeres musulmanas en particular. Sería solo un error provocado por la ignorancia y los prejuicios si no fuese porque, por las mismas fechas, en Irán fue condenada a 148 latigazos y 38 años de cárcel la abogada Nasrín Sotudeh por defender los derechos de las mujeres, entre los que se encuentra, parece mentira que haya que decirlo, el de no llevar el hiyab, una prenda que no es islámica sino tradicionalista islámica. No es lo mismo.

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