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Santiago Navajas

El cristiano, el ateo, los gays y el rugby

Tenemos que vigilar el autoritarismo del Estado, pero también la tiranía de la masa.

Tenemos que vigilar el autoritarismo del Estado, pero también la tiranía de la masa.
Israel Folau | EFE

Israel Folau es un buen jugador de rugby con malas opiniones morales. Bueno, según él son estupendas. El hombre jugaba en la liga australiana. Y digo que jugaba, en pasado, porque ha sido despedido por sus ideas religiosas. A Folau no le gustan los homosexuales ni los transexuales. A San Pablo tampoco le hacían mucha gracia. El misionero judeocristiano escribió en la Primera Carta a los Corintios: "¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No os engañéis. Ni los impuros, idólatras, adúlteros, afeminados, homosexuales, ni los ladrones, avaros, borrachos, ni los maldicientes ni los rapaces heredarán el Reino de Dios". También se puede consultar Romanos 1,26-27. En el Antiguo Testamento (Levítico 20:13) se especifica qué hacer con los gays:

Si alguien se acuesta con un hombre como si se acostara con una mujer, se condenará a muerte a los dos, y serán responsables de su propia muerte, pues cometieron un acto infame.

En Australia y el mundo occidental, las cosas van mucho mejor para los gays que en tiempos de las antiguas tribus de Israel o las primeras comunidades cristianas. Sin embargo, la libertad de expresión y pensamiento está en retroceso. Al menos es lo que piensa Peter Singer, profesor de Ética de Princeton, famoso por sus radicales puntos de vista sobre el aborto, por ejemplo, ya que ha defendido incluso alguna forma de infanticidio. Es decir, que Singer no es el filósofo favorito en el Vaticano. Pero ello no es óbice para que haya criticado el despido del jugador homófobo por sus opiniones cristianas.

Concretamente, Folau cree que "el infierno espera a borrachos, homosexuales, adúlteros, mentirosos, fornicadores, ladrones, ateos e idólatras". Curiosamente, lo único que le ha parecido reprobable a la liga australiana es la referencia a los gays, cuando los mentirosos, ateos e idólatras podemos sentirnos igual de ofendidos y amenazados (será un placer, estimado lector, que nos veamos, si se cumple el pronóstico de Folau, en el Averno, ya que seguramente también usted cumplirá alguna de las características satánicas que enumera el jugador; espero, eso sí, que nuestro encuentro sea lo más tarde posible).

Sin embargo, Folau también indicó una posibilidad de salvación: el arrepentimiento. Porque "Jesús te ama y te da tiempo para alejarte del pecado y volver a Él". Como discurso de odio no puede ser calificado; en todo caso, es un discurso de amor sui generis. La liga australiana paradójicamente ha excluido a Folau en nombre de la inclusividad, el equivalente progre en la actualidad a la autocrítica a la que te sometían en los tribunales soviéticos antes de enviarte a un gulag en Siberia. La inclusividad es uno de esos términos que parecen sacados de 1984 de Orwell, ya saben: paz en realidad significa guerra; verdad, sinónimo de propaganda, etc. En nombre de la inclusividad, también han expulsado de un instituto británico a un alumno que se atrevió a defender en clase que, en realidad, solo hay dos géneros en lugar de una multiplicidad…

Singer, un ateo progresista, defiende a Folau, un cristiano renacido, en su derecho a la libertad de expresión y de pensamiento, y critica a la liga australiana por ser doblemente inconsistente. En primer lugar, al defender la libertad de expresión y, sin embargo, impedírsela a Folau. Además, por defender la inclusividad y, al tiempo, expulsar a Folau. Debido a la actitud políticamente correcta de la Liga, hay menos libertad y menos inclusividad.

El problema filosófico de fondo es cuando el comunitarismo y el republicanismo se imponen al liberalismo como horizonte político de la democracia constitucional. Frente a la libertad como valor supremo que defiende el liberalismo, el comunitarismo apuesta por la identidad y el republicanismo por la virtud. De este modo, se sacrifica la libertad de los individuos en el altar de la identidad de los pueblos o la virtud de los que se consideran bendecidos por la superioridad moral.

Singer, apoyándose en Stuart Mill, nos recuerda que las amenazas a la libertad de expresión de los individuos pueden provenir del Estado pero también, como es el caso, de las empresas –sobre todo, cuando son monopólicas o tienen un gran poder de mercado, como Google– y la sociedad civil. Tenemos que vigilar el autoritarismo del Estado, pero también la tiranía de la masa.

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