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Santiago Navajas

De nuevo, el burkini

Estamos viviendo una involución en el laicismo y la aconfesionalidad debido a estos sectores musulmanes más tradicionalistas.

Santiago Navajas
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Estamos viviendo una involución en el laicismo y la aconfesionalidad debido a estos sectores musulmanes más tradicionalistas.
Una mujer ataviada con un burkini | Cordon Press

La batalla cultural definitiva se ha desatado en Francia: musulmanas con burkas acuáticos contra nudistas laicos seculares. En Francia no dejan nadar en las piscinas públicas ni con bermudas, en el caso de los hombres, pero algunos musulmanes pretenden que se tenga en cuenta su moda más tradicionalista para que las mujeres puedan bañarse con burkini, obviando las cuestiones de higiene y seguridad que habían sido establecidas para todos. Sin embargo, pretenden estos musulmanes que sus creencias sobre el decoro provenientes del siglo VII son más legítimas que las precauciones sobre salud pública del siglo XXI. Con los antivacunas podrían formar un Frente a Favor de la Decencia y en Contra de la Ciencia.

Este grupo de activistas pro burka intentan que cambien las reglas, consensuadas en aras del bienestar general, para imponer la tiranía de la minoría, escudándose en el victimismo y echando de mano de la cultura de la queja. Pero en Francia, que tienen una tradición de laicismo racionalista y secularizado, se han puesto en marcha otros grupos de activistas que promueven irónicamente el nudismo como derecho tan válido como la reivindicación de ir vestidas hasta la coronilla. Puede ser un bonito espectáculo ver nadar por la calle tres a una señora con burka, por la calle cinco a un caballero disfrazado de buzo y por la ocho a otro practicando el estilo mariposa desnudo como una ídem. En una democracia liberal, los grupos religiosos no deben tener ni un derecho menos pero tampoco un privilegio más que cualquier asociación de vecinos.

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