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Santiago Navajas

Los hombres que inventaron el feminismo: Benito Feijóo

Es especialmente agresivo Feijóo a la hora de combatir el machismo y tiene la lucidez y la valentía de señalar al heteropatriarcado.

Santiago Navajas
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Es especialmente agresivo Feijóo a la hora de combatir el machismo y tiene la lucidez y la valentía de señalar al heteropatriarcado.
Retrato de Benito Feijóo | Wikipedia

Kant confesaba que en 1784 era una época de ilustración pero aún no ilustrada. Un buen ejemplo de que no se era todavía ilustrada era el propio Kant, un machista redomado que pensaba que las mujeres eran sólo "el bello sexo" y no podían alcanzar la ilustración que profetizaba para los hombres. Sin embargo, unos pocos años antes un español, un monje benedictino, había puesto patas arriba la consideración misógina de su época, reivindicando a innumerables mujeres en todos los campos y zurrándole al mismísimo Aristóteles que seguía siendo un referente sino en la Física (Galileo lo había jubilado) y la Política (Hobbes había puesto los cimientos del Estado moderno) sí en cuestiones antropológicas. Su nombre era Benito Feijóo y su Defensa de las mujeres es el perfecto ensayo que responde al lema de Kant: "¡Sapere aude!" o "¡atrévete a pensar!", que el alemán no fue capaz de llevar a cabo hasta sus últimas consecuencias pero que Feijóo cumplió con creces, enfrentando sin miedo y con razonamientos los prejuicios que contra las mujeres eran comunes en toda Europa.

Los Discursos varios en todo género de materias para desengaño de errores comunes (más conocido como Teatro crítico universal) es un compendio de artículos sobre varias temáticas en las que el sacerdote benedictino se convierte en el gran maestro cívico de todos los españoles, en una suerte de Educación para la Ciudadanía desde su cátedra en Teología en Oviedo. En la estela de Francis Bacon y Spinoza, se dedica a iluminar todos los asuntos desde los principios de la razón y la experiencia, sin despreciar la tradición pero "ni esclavo de sus enemigos ni aliado de sus enemigos", con el método del rigor en la argumentación y la claridad expositiva. Seguía así la vía que habían abierto en el siglo anterior los novatores, ilustrados españoles laicos y eclesiásticos, que se habían opuesto al escolasticismo imperante. Una especie de beef entre tomistas vs. atomistas. Doscientos y pico años después todavía seguimos peleando contra homeópatas, terraplanistas, antitransgénicos y toda suerte de supersticiones que se confabulan contra el pensamiento ilustrado por el que batalló el padre benedictino que fue aplaudido por Carlos III y el papa Benedicto XIV.

Pero, sin duda, la peor superstición que seguimos encarando en este inicio del siglo XXI es la que discrimina, tortura y avasalla a las mujeres por su misma condición. En el día en que escribo estas líneas se ha hecho público que Boko Haram, el grupo terrorista yihadista que asola Camerún y Nigeria propagando el horror entre cristianos y musulmanes, ha cortado las orejas a unas mujeres del pueblo que habían atacado. Cuando les han preguntado por qué lo han hecho –hasta ahora "sólo" las mataban, secuestraban y violaban–, uno de ellos ha respondido que "Cortamos las orejas a las mujeres para hacerlas sordas y tontas". En Irán, aquellas que se atreven a desafiar la obligación de velo obligatorio son enviadas a prisión por años. Y en Occidente, deben sufrir la condescendencia del feminismo de izquierdas que impone cuotas, discriminación positiva y se les prohíbe sindicarse y la gestación subrogada...

¿Cuáles son las propuestas concretas de Feijóo? El inicio de su ensayo nos sirve de recordatorio de la opinión generalizada sobre las mujeres que reinaba en su época entre el vulgo y los doctos. Y podemos sospechar que bajo una delgada pátina de civilización feminista todavía persiste una poderosa corriente popular más o menos consciente contra las mujeres. Dice así el benedictino:

En grave empeño me pongo. No es ya sólo un vulgo ignorante con quien entro en la contienda: defender a todas las mujeres, viene a ser lo mismo que ofender a casi todos los hombres: pues raro hay que no se interese en la precedencia de su sexo con desestimación del otro. A tanto se ha extendido la opinión común en vilipendio de las mujeres, que apenas admite en ellas cosa buena. En lo moral las llena de defectos, y en lo físico de imperfecciones. Pero donde más fuerza hace, es en la limitación de sus entendimientos. Por esta razón, después de defenderlas con alguna brevedad sobre otros capítulos, discurriré más largamente sobre su aptitud para todo género de ciencias, y conocimientos sublimes.

Los típicos ataques contra la mujer que se remontan al inicio de los tiempos patriarcales, respecto de su flaqueza moral y física, son fácilmente desmontadas por Feijóo que, sin embargo, no cae en la demagógica actitud, tan habitual en los titulares de los medios del #Metoo, de ponderar a las mujeres como si fuesen seres perfectos o demonizar a los hombres para hacerles sufrir colectivamente por los errores de sus ancestros,

pero mi empeño no es persuadir la ventaja, sino la igualdad.

Un igualitarismo en la diversidad porque plantea que la igualdad entre los sexos no es incompatible con algunos rasgos que predominan en cada uno de ellos como norma general aunque no exhaustiva. A saber, sostiene, entre los hombres, robustez, constancia, y prudencia. Entre las mujeres, hermosura, docilidad y sencillez. Todavía hoy se está discutiendo por parte de la ciencia si los cerebros de hombres y mujeres son relevantemente diversos o si el cuidado es más fácil de encontrar en ellas o en ellos por lo que cabe ponderar este primer intento de Feijóo para igualar sin apelmazar, señalando cuál es la "petite différence" entre los sexos.

En cualquier caso, y siguiendo los principios ilustrados de duda y humildad, únicamente se atreve a lanzar como hipótesis una diferenciación que se seguiría de la anterior diversidad señalada:

Las mujeres, conducen para hacerlas mejores en sí mismas: las prendas en que exceden los hombres, los constituyen mejores, esto es, más útiles para el público.

Lo que no es óbice para que no destaque a muchas mujeres que prosperaron en lo público

De prudencia política sobran ejemplos en mil Princesas por extremo hábiles.

Es especialmente agresivo Feijóo a la hora de combatir el machismo que se presupone en la consideración de que las mujeres son menos inteligentes que los hombres. Feijóo tiene la lucidez y la valentía de señalar al heteropatriarcado como causante de este estado de sumisión abstracta del género femenino:

Lo que pasa con esta mujer, pasa con infinitas, que siendo de muy superior capacidad respecto de los hombres concurrentes, son condenadas por incapaces de discurrir en algunas materias (…) Que la diferente organización sensible no induce variedad en las operaciones racionales, por lo menos no siendo enormemente irregular, se hace claro de que hay hombres diferentemente organizados, que son igualmente hábiles, y hombres organizados de un mismo modo, que son en las facultades de la alma muy diferentes (…) las mujeres no son distintamente formadas que los hombres en los órganos que sirven a la facultad discursiva; sí sólo en aquellos que destinó la naturaleza a la propagación de la especie.

Contundente defensor de las mujeres, Feijóo fue el inventor teórico en el ámbito español de los derechos feministas, así como un genial visionario que vio venir a feminazis y el movimiento #MeToo.

Mi voto, pues, es, que no hay desigualdad en las capacidades de uno y otro sexo. Pero si las mujeres para rebatir a importunos despreciadores de su aptitud para las Ciencias, y Artes quisieren pasar de la defensiva a la ofensiva, pretendiendo por juego de disputa superioridad respecto de los hombres pueden usar de los argumentos propuestos arriba, donde de las mismas máximas físicas, conque se pretende rebajar la capacidad de las mujeres, mostramos que con más verisimilitud se infiere ser la suya superior a la nuestra.

Y nuestro voto se une al del padre Feijóo, el sacerdote católico e ilustrado que más hizo para que el cristianismo fuese la corriente religiosa que fue abriendo poco a poco un lugar para las mujeres en la esfera de los derechos políticos y la dignidad moral.

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