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Santiago Navajas

La fragilidad de nuestra civilización

"No nos dimos cuenta de lo frágil que era nuestra civilización", decía Hayek refiriéndose a la época que terminó con la Gran Guerra.

Santiago Navajas
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"No nos dimos cuenta de lo frágil que era nuestra civilización", decía Hayek refiriéndose a la época que terminó con la Gran Guerra.

"No nos dimos cuenta de lo frágil que era nuestra civilización", decía Hayek refiriéndose a la época que terminó con la Gran Guerra. Un periodo del que Keynes había escrito: "¡Qué extraordinario episodio en el progreso económico de la Humanidad fue la época que llegó a su fin en agosto de 1914!". La reflexión de Hayek debió ser lo primero que debimos haber tenido en cuenta cada vez que nos levantábamos en los últimos cincuenta años, pero será la primera que olvidemos en cuanto pase lo peor. Si es que pasa.

Cambie "teléfono" por "internet", "billetes" por "tarjetas de crédito" y "Londres" por casi cualquier ciudad del mundo (salvo La Habana, Caracas, Pyongyang y otras capitales socialistas) y comprenderá cómo se parecía aquella primera globalización a la que hemos vivido hasta ahora. El pasaporte no era imprescindible en un tiempo cuyo símbolo era Phileas Fogg. Casi que tampoco en nuestra propia época, donde cualquier currito podía emular al gentleman viajero imaginado por Julio Verne gracias a la democratización de los vuelos (low-cost) y a un mercado globalizado que reducía los controles y restricciones, de forma que un pasaporte como el español abría las fronteras de 186 países (146 sin necesidad de visado).

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