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No cabe su privatización, el alzarse con la tierra por parte de una parte de los en ella nacidos. No cabe, por lo tanto, la secesión.

Iván Vélez
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No cabe su privatización, el alzarse con la tierra por parte de una parte de los en ella nacidos. No cabe, por lo tanto, la secesión.
'Último suspiro de Don quijote', de Blasco Ferrer | Laura Galdeano

"La tierra donde uno ha nacido. Es nombre Latino patria. Compatriota, el que es del mismo lugar". De tan sucinto modo definió la voz patria Sebastián de Covarrubias Orozco en su Tesoro de la lengua castellana o española, primer vocabulario monolingüe de imaginativas etimologías, publicado en la imprenta madrileña de Luis Sánchez en 1611. La elaboración de aquella obra se vio retrasada por las tareas que a Covarrubias –hombre cercano a la Corte que, por su "natural encogimiento, divirtió" el ofrecimiento de convertirse en maestro del príncipe Don Fernando, hijo de Felipe II– le fueron encomendadas. Entre ellas destaca el impulso de una campaña evangelizadora por las tierras del arzobispado de Valencia, que dio comienzo en 1596. Para entonces hacía tiempo que el sacerdote se había establecido en Cuenca, lugar al que regresó en 1602, con el cargo de maestrescuela de la catedral bajo el brazo, dignidad que le fue concedida por el papa Clemente VIII a instancias de Felipe III. Allí, entre el Júcar y el Huécar, la muerte le visitó en el otoño de 1613.

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