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Adrián Dupuy

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Doctor Simón: su comportamiento, como médico y como persona, es miserable.

Fernando Simón | EFE

Es una frase que mi padre dejó subrayada en La Grande Armée, un libro sobre los ejércitos de Napoleón. De Napoleón al Mariscal Ney, su amigo de tantas batallas. Éste no podía sino estar agradecido a su emperador, que le había otorgado un título, ascendido a mariscal y, en definitiva, hecho partícipe de su grandeza. Sin embargo, se enfrenta a él. Napoleón se había escapado de su presidio en la isla de Elba y subía por el Ródano hacia París. Desde París, el nuevo Gobierno envía con urgencia un ejército para detenerlo y Ney asume el mando, pero la marcha de Napoleón hacia París es triunfal. Los pueblos a su paso le aclaman, los regimientos no se oponen y le acompañan y cuando el ejército oficial –no muy convencido de lo que está haciendo– se encuentra en Lyon con el que hasta hace poco había sido su glorioso emperador, Ney avergonzado pide disculpas a Napoleón, que contesta que no hace falta.

"Votre excuse, comme la mienne est dans les événements, qui ont eté plus fort que les hommes" (tu disculpa, como la mía, está en los acontecimientos, que han sido más fuertes que los hombres). La frase no me gustó cuando la leí, porque me fijaba en Ney. Mi padre, que se había fijado en Napoleón, me dijo que era un ejemplo de la generosidad y elegancia con la que se debe asimilar la victoria. Es cierto que, si consideramos con Shakespeare/Porcia a la clemencia como "un atributo de Dios mismo, que habita en los corazones de los reyes", es indudable que la anécdota realza la grandeza de Napoleón… pero sigue dejando malparado a Ney, en quien yo me había fijado y de quien les quiero hablar. Ney no tenía que haber aceptado encabezar el ejército contra su emperador y amigo Napoleón. De acuerdo que "yo soy yo y mis circunstancias", pero creo que al yo del hombre no le pueden, no le deben superar hasta ese punto sus circunstancias. Y toda esta historia, con su oscura frase final, está ahí porque les escribo del doctor Simón y sus circunstancias, que han superado al hombre hasta reducirlo a cero.

El doctor Simón, que, recordemos, es el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias y la máxima autoridad médica en la gestión de la pandemia, y que disponía de toda la información nacional e internacional sobre ella, aseguró en comparecencia pública el 7 de marzo que no recomendaba "a nadie nada" relacionado con las manifestaciones convocadas para el 8-M; que cada persona debía considerar si asistir o no. Añadió: "Si mi hijo me pregunta si puede ir, le diré que haga lo que quiera". Dadas las informaciones y los informes de que ya disponía, ése ya fue un momento en que al doctor Simón le pudieron las circunstancias… en forma de caterva de mujeres del Gobierno empeñadas en celebrar las manifestaciones, porque "mata más el machismo que el coronavirus".

El día 26 de febrero 2020 afirmó en comparecencia pública:

No es necesario que la población utilice mascarillas. El uso de las mascarillas sí que puede ser interesante en los pacientes con sintomatología, y eso las autoridades sanitarias lo indicarán… pero no tiene ningún sentido que la población ahora mismo esté preocupada por si tiene o no tiene mascarillas en casa. Ninguno.

Luego no se cansó de decir que las mascarillas no eran necesarias y, durante el mes de marzo, incluso tras la declaración del estado de alarma, el mensaje siguió siendo el mismo: "Si estás sano, no las uses". Y todos salíamos a la calle, a la compra o a la farmacia, sin mascarilla. Finalmente, el uso de mascarillas, cuando la epidemia está remitiendo, ha pasado a ser obligatorio, y, por toda explicación, el ínclito Simón nos dice: "En una situación de escasez de mascarillas, éramos muy prudentes a la hora de hacer recomendaciones que no se podían aplicar. Desde que se inició la pandemia, hemos tratado de ser muy realistas con las medidas de control". Es decir, reconoce que la recomendación no era médica, sino política, para no causar alarma, para no mostrar al público sus vergüenzas.

Esta afirmación es muy grave porque pone en evidencia al médico que traiciona su obligación deontológica de prevenir los contagios. Antes que decir eso, por dignidad, debería haber dimitido, o recomendado que nos hiciésemos mascarillas caseras (como muchos hemos hecho), pero, nuevamente, le pudieron las circunstancias, y el ridículo internacional que estaba padeciendo una España incapaz de encontrar suministros en los mercados y proveerse de mascarillas. Como no tenemos, decimos que no son necesarias. Cojonudo. PSOE en estado puro.

Y terminamos con el rien ne va plus del hombre superado por las circunstancias (aunque aquí es verdad que éstas consisten en evitar la cárcel). Preguntado por la querella presentada contra él al haber autorizado las manifestaciones el 8-M, el doctor Simón alza los brazos, bufa y suelta:

En cuanto a Madrid, la verdad es que hemos revisado los datos mil veces, porque de hecho en aquel momento era importante hacerlo, y posteriormente era importante verificar si había habido algún efecto o no, y, claramente, el 8-M, eh..., si ha tenido algún efecto en la evolución de la epidemia, ha sido muy marginal, con lo cual, eh..., no creo que tengamos que insistir mucho en este tema, y menos cuando los días alrededor el 8-M y las semanas previas, eh..., hubo muchísimos otros eventos que pudieron significar lo mismo. En todo caso, el 8-M se produjo en Madrid, una ciudad con uno de los metros más saturados de España, donde el contacto durante trayectos, más o menos largos, más o menos cortos, y con intercambio de personas es enorme, mucho más grande del que pueda suponer cualquiera de estos eventos, aunque hubiera habido algún posible efecto de alguno de estos eventos masivos, fuera el que fuera, probablemente lo hubiera enmascarado la posible transmisión en cualquiera de estos medios de transporte, fuera el metro, fuera el autobús, con lo cual es realmente difícil valorarlo, porque sería, ya digo, un efecto muy marginal en la transmisión, si lo hubiera habido.

Quien esto afirma no es que sea un pobre hombre superado por las circunstancias. Hace falta ser muy sinvergüenza para permitirse una declaración así. El derecho de defensa permite guardar silencio o no confesarse culpable, pero no permite decir mentiras. ¿Cómo que "efecto muy marginal"? El alcalde de Bérgamo calificó el partido de fútbol Atalanta-Valencia como una "bomba biológica". Sólo en Madrid, fueron 120.000 asistentes gritando, apretados y alborozados. Él bien sabe que no han revisado nada "mil veces"; sabe que todos esos otros "muchísimos eventos" multitudinarios (vgr. mitin de Vox, o partido Atlético-Sevilla) se autorizaron porque habría estado muy feo autorizar las manifestaciones feministas del 8-M y prohibir lo demás.

Y con lo del metro… el subconsciente o la incultura le han traicionado. Porque si enmascarar es "encubrir o disimular algo", está reconociendo que el contagio no sólo se produjo, sino que se multiplicó exponencialmente al ir a, al volver de o durante las manifestaciones. Mire, por lo pronto hay cuatro que se contagiaron en la manifestación y que seguro que no fueron en metro: las ministras Calvo y Darias y la madre y la mujer de Pedro Sánchez. Y si el riesgo de ir en metro en la ciudad de Madrid es el que se deduce de sus palabras… ¡tendrían que haberlo limitado también!

En Inglaterra, un estudio contratado por el Ayuntamiento de Liverpool ha concluido, a partir de datos de su Servicio Nacional de Salud, que el partido entre el Atlético y el Liverpool del día 11 de marzo, al que asistieron 3.000 atléticos, provocó 41 muertos. Y no han buscado excusas. También allí había metro.

Doctor Simón: su comportamiento, como médico y como persona, es miserable.

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