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Santiago Navajas

Primero destruyen las estatuas; luego serán los geranios

Los enemigos de la civilización las quieren erradicar porque se consideran por encima de las leyes y los valores liberales que las sostienen.

Santiago Navajas
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Los enemigos de la civilización las quieren erradicar porque se consideran por encima de las leyes y los valores liberales que las sostienen.
LD

Derriban y mancillan las estatuas: la de Churchill en Londres, la del padre Antonio Vieira en Lisboa, la de Indro Montanelli en Milán, la de Lincoln en Boston, las de Colón en todas partes. Macron y Johnson se rebelan y defienden las estatuas de su patria, al tiempo que Ada Colau amenaza la de Colón en Barcelona y Pedro Sánchez mira a otro lado (es decir, su propia imagen en el espejo como un nuevo Dorian Gray). Las estatuas no son trozos de piedra, sino que tras ellas está Occidente, con sus hazañas y sus atrocidades Pero, por mucho que duela a los fanáticos de la pureza absoluta, no se tiran los diamantes a la basura por que tengan alguna imperfección.

Nadie, ni siquiera Jesús, es completamente bueno (Marcos, 10, 18). Pero celebramos a aquellos que cuentan más en su haber que en su debe. Hablando de Jesús, a la chusma iconoclasta habría que recordarle que sólo están legitimados a tirar piedras los que estén libre de pecado. Dado que, según su ideología, nadie está libre de racismo o machismo, las estatuas deberían estar tan tranquilas como un bocadillo de chorizo en una merienda vegana. Los enemigos de la civilización las quieren erradicar porque se consideran por encima de las leyes y los valores liberales que las sostienen.

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