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Santiago Navajas

Trump en el Monte Rushmore

El presidente de EEUU ha pronunciado el discurso republicano más importante desde que Reagan clamaba contra el Imperio del Mal comunista.

Santiago Navajas
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El presidente de EEUU ha pronunciado el discurso republicano más importante desde que Reagan clamaba contra el Imperio del Mal comunista.

Uno de los gritos de guerra del monstruo verde The Hulk es: "Mientras más furioso Hulk, más fuerte Hulk". Donald Trump es un monstruo más bien anaranjado y contra él lo han intentado todo, desde atraparlo en un supuesto complot ruso con Putin a desalojarlo de la Casa Blanca con un impeachment. Con casi todos los medios en contra y la élite académica tratándolo como si fuese Hitler lo último que le faltaba al presidente norteamericano era la unión de la extrema izquierda con grandes empresas como Nike para incendiar las calles, derribar estatuas, acosar a los últimos mohicanos que se resisten a ser subsumidos por el maniqueísmo. Pero mientras más cabreado Trump, más fuerte Trump.

Uno de los objetivos a derribar por la izquierda antisistema e iconoclasta son las efigies del monte Rushmore –recordemos: Washington, Jefferson, Roosevelt y Lincoln–, con la excusa de que los indios norteamericanos estarían ofendidos por haberse esculpido sus rostros en un monte sagrado para ellos. Tan estúpido y condescendiente hacia los descendientes de los apaches y los sioux como considerar que les ofende que un equipo de fútbol americano se denomine Redskins (Pieles Rojas). Trump, cuyo principal fortaleza es liderar la batalla cultural contra la izquierda, que los acomplejados de derecha y los siempre tibios centristas se han resignado a perder sin siquiera plantar cara, se ha presentado desafiante en Rushmore y dado el discurso republicano más importante desde que Reagan clamaba contra el Imperio del Mal comunista.

Una de las armas políticas [de la izquierda] es la cultura de la cancelación, que despide a la gente de sus trabajos, humilla a los discrepantes y reclama una total sumisión a cualquiera que disienta. Esta es la definición misma del totalitarismo y es completamente ajeno a nuestra cultura, a nuestros valores, y no tiene absolutamente ningún lugar en los Estados Unidos de América. Este ataque a nuestra libertad, a nuestra magnífica libertad, debe ser detenido. Y lo será rápidamente. Expondremos este peligroso movimiento, protegeremos a los hijos de nuestra nación y nos protegeremos de este asalto radical a nuestro modo de vida americano en nuestras escuelas, en nuestras redacciones, incluso en las salas de juntas de las grandes empresas. Hay un nuevo fascismo de extrema izquierda que demanda una lealtad absoluta. Si no hablas su idioma, celebras sus rituales, recitas sus mantras y sigues sus mandamientos, serás expulsado y apuntando en una lista negra, perseguido y castigado. Eso no nos pasará a nosotros. No nos equivoquemos. Esta revolución cultural de izquierda está diseñada para derribar la revolución americana, y con ella destruirían la civilización misma que ha rescatado a millones de la pobreza, la enfermedad, la violencia y el hambre.

Recordemos cómo, ante el clima de intimidación fascistoide que está implantando la izquierda en el mundo anglosajón, Google despidió a James Damore por osar debatir la ideología de género; cómo a través de las universidades se acosa y proscribe a académicos que tienen el coraje de discutir los dogmas de la izquierda (el último en ser señalado por el Santo Oficio progre ha sido Steven Pinker); cómo la agencia de noticias Reuters calificó a los presidentes representados en Rushmore de ser "líderes confederados"; cómo han sido vandalizadas estatuas que representan lo mejor de la cultura occidental, de Churchill en Londres a Cervantes en California; cómo se censuran películas como Lo que el viento se llevó, series como South Park y a directores como Woody Allen; cómo se llega en España, reproduciendo los tics fascistoides de la izquierda norteamericana, a instrumentalizar a Popper para satanizar y silenciar a los adversarios de la izquierda...

A pocos meses de las elecciones norteamericanas, Trump aparece como perdedor en todas las encuestas. Pero lo mismo le pasaba contra Clinton. Unos pocos votos pueden ser decisivos. Y entre ellos pueden ser claves los votos liberales, que oscilarán entre su querencia por el libre comercio, que les inclinaría por Biden, y apuntarse a la guerra cultural contra la secta de la justicia social, lo que les llevaría a votar por Trump. Hay una tercera opción, optar por la emboscadura al estilo de Ernst Jünger para habitar resignados el escondido mundo distinto.

El mundo donde estamos se asemeja a un embarcación que a veces exhibe rasgos de confortable lujo y otras muestra signos de terror. A la mayoría de los pasajeros les pasa inadvertido que habitan simultáneamente en un mundo distinto. Tan superior es el segundo de estos reinos al primero, que parece contenerlo dentro de sí como un juguete. El segundo de estos reinos es puerto, es patria, es paz y seguridad, cosas que todos nosotros llevamos dentro.

¿Qué haría usted, comprometido lector?

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