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Florentino Portero

Trump y el republicanismo

Trump tuvo la inteligencia política de comprender que se habían producido cambios importantes en la sociedad que estaban exigiendo una respuesta y él la dio.

Florentino Portero
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Trump tuvo la inteligencia política de comprender que se habían producido cambios importantes en la sociedad que estaban exigiendo una respuesta y él la dio.
Donald Trump, presidente de Estados Unidos. | EFE

A los europeos del continente nos admira la continuidad de los partidos políticos en Estados anglosajones, como es el caso del Reino Unido y Estados Unidos. Partidos que se han mantenido durante siglos, como los conservadores británicos, no son algo habitual en el mapa de los sistemas parlamentarios. En realidad, la continuidad es más aparente que real. La clave hay que buscarla en la ley electoral. Un sistema que apuesta por los distritos unipersonales y por huir de la proporcionalidad tiende, por pura lógica contable, a desarrollar modelos bipartidistas. Tanto en el Reino Unidos como en Estados Unidos, los dos grandes partidos son el resultado de complejas coaliciones de grupos representativos de muy distintas sensibilidades que, a fin de cuentas, son conscientes de que tienen más que ganar en ese revoltijo que yendo por libre.

Las denominaciones se mantienen con el paso del tiempo, pero no así los programas. Periódicamente asistimos a giros bruscos en su identidad, tratando de adaptarse a una realidad social inevitablemente cambiante. Figuras como Margaret Thatcher o Tony Blair modificaron las líneas políticas de sus partidos hasta el punto de hacerlos difícilmente reconocibles.

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