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Santiago Navajas

No Celaá, pero tampoco Savater

Siempre habrá iluminados que creerán que ellos son los sabios con pasaporte para sacarnos por las buenas o por las malas de la caverna de la sombras.

Santiago Navajas
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Siempre habrá iluminados que creerán que ellos son los sabios con pasaporte para sacarnos por las buenas o por las malas de la caverna de la sombras.
Fernando Savater, con parte de su biblioteca. | David Alonso Rincón

Cuando la ministra Celaá afirmó que los hijos no pertenecen a sus padres no estaba lanzando un alegato anarquista a favor de una libertad adánica de los niños para que se educasen por ellos mismos, dejando rienda suelta a sus impulsos primarios y su creatividad innata como se debería hacer según la pedagogía del buen salvaje que va de Jean Jacques Rousseau a Ken Robinson.

Desde el “socialismo científico” de la izquierda en el poder, lo que quería decir Celaá es que los hijos, como cualquier hijo de vecino por otra parte, pertenecen al Estado, la entidad omnisciente y suprema que debe vigilar con amorosa gracia que todos alcancemos la felicidad, la virtud y la verdad que nos corresponde. Desde la concepción socialista de Celaá, los padres no son sino los encargados por el Estado de cuidar de sus hijos siempre y cuando las autoridades competentes, toda la maquinaria burocrática que va del ministro de turno al último asistente social pasando por inspectores políticos y educadores morales, decidan que lo están haciendo pedagógicamente bien. Para socialistas como Celaá, el Estado es necesario, pero cada uno de nosotros es contingente.

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