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Santiago Navajas

Arcadi Espada, entre el hedor y el helor

En lugar de hedor, lo que le ha llegado a Pastor de Arcadi Espada es helor: un frío intenso y penetrante que hace tiritar a los periodistas estabulados que buscan a cualquier precio el calor del rebaño.

Santiago Navajas
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En lugar de hedor, lo que le ha llegado a Pastor de Arcadi Espada es helor: un frío intenso y penetrante que hace tiritar a los periodistas estabulados que buscan a cualquier precio el calor del rebaño.
Ana Pastor | La Sexta

Ana Pastor –la periodista, no la política (aunque es una distinción borrosa, lo admito)– escribió el pasado domingo un tuit acusatorio contra Arcadi Espada: 

Contextualicemos este nuevo capítulo de la actualización española del Contra los periodistas de nuestro Karl Kraus catalán. El Mundo ha publicado una doble página con una charla de Espada con Ismael Álvarez, protagonista de una sórdida historia de acoso sexual hace veinte años en el ayuntamiento de Ponferrada cuando era (un maduro) alcalde del PP, a raíz de que Pastor estrenara en Netflix un docudrama sobre la víctima, Nevenka Fernández, por aquel entonces su (joven) concejal de Hacienda. Espada cuenta las reacciones de Álvarez mientras ambos ven el programa Nevenka, en el que el expolítico no quiso participar. El docudrama de Pastor se complementa necesariamente con las preguntas de Espada, de manera que en las Facultades de Periodismo deberían trabajarse juntos (además de las sentencias que ha producido el caso en diversos tribunales), como muestra de cómo un periodista debe perseguir más la huidiza verdad, siempre dialéctica, que el encontradizo monólogo, nunca objetivo.

Las redes sociales ardían contra Espada tras el tuit de Pastor. Pero las llamas de las redes sociales queman más como fuegos fatuos que como hogueras inquisitoriales. Más todavía a alguien con la piel tan curtida como Espada, habituado a los ladridos nacionalistas y la kale borroka macartistamente correcta. 

¿Qué es lo que ha suscitado tanta indignación en la presentadora de La Sexta? Según Pastor, Espada ha atacado a una víctima y defendido a un acosador. Pero esto es rigurosamente falso. Que la fundadora de una agencia de fact-checking sea la que propague un bulo de ese calibre, una fake news de esa dimensión, una bullshit de ese espesor, muestra que dichas agencias son más parecidas a una ideológica fábrica de censura, manipulación y propaganda que a un fiel notario de la realidad. Espada se limita a hacer preguntas, plantear hipótesis y cuestionar lo que Juan José Millás (en un libro que pretendía ser periodístico y no era más que una ficción delirante, siguiendo el patrón calenturientamente incestuoso del doctor Freud), unos chismosos ponferradinos y la propia Pastor han establecido como la verdad netflixera. En definitiva, Espada no ataca a Nevenka Fernández sino la mala praxis profesional de Ana Pastor, que debería actuar más como científica, encaramada como Spinoza a la visión sub specie aeternitatis, y menos como activista, adherida como un percebe a la perspectiva de género.

Arcadi Espada.

Ya puesta a explicitar patrones, podría haber Pastor mencionado que Espada desmontó la campaña goebbelsiana de 169 portadas que organizó El País contra Francisco Camps (Un buen tío: cómo el populismo y la posverdad liquidan a los hombres, Ariel, 2018) y desveló las trampas retóricas de una fotografía falaz de Javier Bauluz. El docudrama de Ana Pastor está en sintonía con las campañas victimistas tan de moda en las televisiones, convertidas en tribunales populistas que instrumentalizan a mujeres como Nevenka Fernández o Rocío Carrasco para que periodistas como la propia Pastor o Jorge Javier Vázquez se suban al carro de la pornografía sentimental, a mayor gloria de las masas hambrientas de carne de cañón, las cuotas de pantalla y el postureo moralista.

Es cierto que Ismael Álvarez ha sido condenado por un tribunal y, por tanto, se puede decir que es un acosador sexual. También fue condenado Hurricane Carter por asesinato y, sin embargo, eso no fue óbice para que algunos periodistas siguiesen investigando lo que había pasado. Parafraseando a Aristóteles, podemos establecer que, por mucho que nos repugnen los acosadores y asesinos, más odiamos las mentiras, las medias verdades, los hashtags de Twitter y los docudramas de Netflix.

A Pastor le ha dolido la crítica de Espada a su trabajo y ha usado a Nevenka Fernández en Twitter como escudo protector, del mismo modo que la utilizó en Netflix como ariete para llegar a una audiencia fácil. El docudrama está construido en dos partes diferenciadas aunque entremezcladas. Por una parte, el relato de la propia Nevenka Fernández, ambientado con música minimalista de violines, pianos y chelos. Por otro, una serie de testimonios de gente que pasaba por allí basada en rumores, vox populi, metáforas con pececitos de colores por parte de Juanjo Millás e imágenes escogidas para que Ismael Álvarez aparezca como si fuese Robert Mitchum en La noche del cazador. Álvarez le pregunta a Espada al final de la entrevista si le cree. El periodista se lava las manos en el ácido sulfúrico de los hechos. La presentadora, sin embargo, se había dado un baño a favor de corriente en el arroyo del populismo mediático.

En lugar de hedor, lo que le ha llegado a Pastor de Arcadi Espada es helor: un frío intenso y penetrante que hace tiritar a los periodistas estabulados que buscan a cualquier precio el calor del rebaño y las mentiras reconfortantes. De fondo, una disputa filosófica en el ámbito del periodismo: la combinación de palabras y pensamiento que defiende Espada frente a la mezcolanza de imágenes y emociones que prima en el paradigma Pastor-Vázquez. A diferencia de Espada, yo sí me mojo y confieso que creo, tras leer la Nevenka del Tribunal Supremo, a Nevenka Fernández. Eso sí, a pesar de la Nevenka de Ana Pastor.

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