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Santiago Navajas

Indulta que algo queda

Los indultos son una facultad discrecional pero no arbitraria del Gobierno.

Santiago Navajas
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Los indultos son una facultad discrecional pero no arbitraria del Gobierno.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. | EFE

Hay dos teorías sobre el castigo penal. La utilitarista defiende que el castigo ha de servir a la sociedad. Castigar por castigar no solo está mal sino que es un error. ¿Qué ganamos como sociedad castigando a un individuo si no es porque vamos a encontrar algún provecho en ello? La otra teoría es la redistribucionista. Se resume en que "quien la hace, la paga". En su versión más simplista, su lema es "ojo por ojo, diente por diente". En formas más complejas, el castigo se modula de manera más razonable pero nunca se elimina. Como diría su más egregio representante, Hegel,

el castigo que afecta al delincuente no es sólo justo en sí (...) sino que es también un derecho en el delincuente mismo [...] Al considerar que la pena contiene su propio derecho, se honra al delincuente como un ser racional.

Pero da igual. Ni con la teoría utilitarista ni con la distribucionista están justificados los indultos a los golpistas catalanistas por parte de sus cómplices socialistas. ¿Qué utilidad hay en soltar a los políticos presos que planean explícitamente otro golpe de estado? Por otro lado, la distribucionista nos advierte de que los enemigos de la Constitución y, sobre todo, de España deberían haber sido condenados a muchos más años de prisión. No hay crimen más deleznable que aquel que podría conducir a una guerra civil, de Companys en 1934 a Puigdemont en 2017.

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