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Santiago Navajas

Los nigromantes de Pedro Sánchez

Cien 'expertos' se han puesto al servicio del Gobierno socialista para un ejercicio de adivinación del futuro como estrategia y de ingeniería social como táctica.

Santiago Navajas
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Cien 'expertos' se han puesto al servicio del Gobierno socialista para un ejercicio de adivinación del futuro como estrategia y de ingeniería social como táctica.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. | EFE

Cien expertos se han puesto al servicio del Gobierno socialista para un ejercicio de adivinación del futuro como estrategia y de ingeniería social como táctica. Lo llaman "prospectiva" y "España 2050", pero realmente han hecho un ejercicio de adivinación que se debería denominar Programa PSOE 2023. Pretenden hablar en nombre de la ciencia, la evidencia disponible y la objetividad. Pero si fuera cierto lo primero que habrían hecho es exigir independencia institucional y no funcionar como un apéndice de la maquinaria electoral de Iván Redondo. Resultan difícilmente creíbles los que diseñan una España del futuro como si fuera la ciudad de Dios de San Agustín, cuando no conocen los mecanismos básicos de El Príncipe de Maquiavelo que maneja Pedro Sánchez.

En los periódicos siguen publicando el horóscopo porque el futuro nos da miedo y tratamos de reducir la incertidumbre sobre lo que nos pasará, creyendo que los astros nos pueden revelar claves secretas para sortear accidentes, innovaciones y sorpresas. Los horóscopos, el tarot y los videntes suelen ser consultados por personas sin mucha educación formal, pero lo cierto es que también los más cultos e inteligentes caen en la trampa de pretender adquirir un control mágico sobre lo que sucederá. Julio César consultaba a adivinos antes de entrar en batalla. Pero no porque creyera en ellos sino porque sabía de la credulidad en la magia y los buenos augurios de sus centuriones. Así que sobornaba a unos arúspices para que vaticinasen lo que le interesaba. Ahora a la aruspicina lo llamamos "prospectiva". Para uno al que no sobornó, terminó como terminó...

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