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Santiago Navajas

Seudofeminismo

El rasgo mediático que comparten el asesinato de las niñas de Alcácer y el de Tenerife es la explotación inmoral e inhumana de ambos por parte de dos mujeres.

Santiago Navajas
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El rasgo mediático que comparten el asesinato de las niñas de Alcácer y el de Tenerife es la explotación inmoral e inhumana de ambos por parte de dos mujeres.
La vicepresidenta Carmen Calvo y la ministra de Igualdad, Irene Montero. | EFE

El rasgo mediático que comparten el asesinato de las niñas de Alcácer hace treinta años y el de las niñas de Tenerife ahora es la explotación inmoral e inhumana de ambos por parte de dos mujeres. En el caso de Alcácer fue la periodista Nieves Herrero la que se hizo tristemente célebre por montar un show lacrimógeno y sensiblero abusando de los familiares de las víctimas. En el de Tenerife, ha sido Irene Montero la que ha aprovechado la tragedia para favorecer su agenda seudofeminista.

¿Qué es el seudofeminismo?

Hace exactamente un siglo, el que llegaría a ser famoso filósofo de la ciencia y de la política Karl Popper era un joven estudiante que trabajaba en una clínica psicológica con Alfred Adler, considerado una eminencia en materia de salud mental. En la brillante Viena de la época, tres nombres eran especialmente respetados: Karl Marx, Sigmund Freud y Alfred Adler. El motivo era que sus teorías eran relativamente simples y absolutamente explicativas. Pasase lo que pasase, las tesis marxistas, freudianas y adlerianas tenían una respuesta sencilla, luminosa, incluso obvia para aquel que estuviese en el ajo teórico. Los escépticos del marxismo, el psicoanálisis o la psicología individualista de Adler eran tachados de malvados o ignorantes que se negaban a ver la verdad manifiesta, ya fuese por intereses de clase o por traumas reprimidos.

Un día, Popper informó a Adler de un caso que no parecía muy adleriano. Sin embargo, el psicólogo no tuvo ninguna dificultad en explicar la problemática según su teoría del complejo de inferioridad, aunque ni siquiera había examinado al paciente. Popper, sorprendido, le preguntó cómo podía estar tan seguro. A lo que Adler respondió que por su experiencia acumulada. Popper se dijo para sí que dicha "experiencia acumulada" acababa de incrementarse en un caso más...

De manera similar, el feminismo androfóbico, que permea partidos políticos y medios de comunicación de todo signo y condición, postula una única explicación para los asesinatos de mujeres: la sociedad es machista, está cimentada en una estructura heteropatriarcal y hay una cultura de la violación que la respalda. Por supuesto, no necesitan analizar cada caso en concreto. El diagnóstico está elaborado, como en el caso de Adler, a priori. Plantear que puede haber otras razones (además de o en sustitución del machismo) te convierte automáticamente en un "negacionista" (el término posmoderno para los que la Inquisición denominaba "herejes") y en un cómplice de la conspiración judeo-machista-masónica contra el género femenino.

En 1962 publicó Popper Conjeturas y refutaciones. El marxismo y el psicoanálisis estaban en todo su esplendor entre la intelligentsia occidental, que o se encontraba animando las revoluciones comunistas del Tercer Mundo desde sus chaises longues estilo Bauhaus o se tumbaba en divanes de terciopelo a que le interpretasen los sueños. Las críticas que recibió por parte de mandarines de los que hoy nadie se acuerda fueron brutales. También ha caído en el olvido Nieves Herrero. Como serán olvidadas Carmen Calvo e Irene Montero, heraldos seudofeministas de sus respectivos machos alfa. Pero para ello, para evitar que sigan calumniando a los hombres, aprovechándose de las mujeres, burlando a la Justicia y haciendo negocio con el seudofeminismo, necesitamos que haya más gente como Karl Popper, que no teman señalar que el Emperador no sólo está desnudo sino cubierto de mierda y de sangre ajena.

El show

Del marxismo al seudofeminismo, o cómo hacer de la política el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados (dijo Marx, el bueno). Habrá más muertes y ellas seguirán montando shows.

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