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Santiago Navajas

'Juego de Tronos' en Kabul

La derrota en Afganistán de las democracias occidentales es un punto de inflexión.

Santiago Navajas
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La derrota en Afganistán de las democracias occidentales es un punto de inflexión.
Militares embarcando en el primer A400M que tendrá que evacuar a los españoles de Afganistán. | Min. Defensa

Fukuyama pronosticó, tras el colapso del comunismo, que estábamos ante "el fin de la Historia": todo sería un "paraíso" liberal al estilo democrático de la UE. Pero ni los chinos, ni los populistas sudamericanos ni los talibanes parecen tener la más mínima idea de quién es Fukuyama. El politólogo norteamericano es un hegeliano que, como el pensador alemán, creía en el mito del progreso lineal y la utopía redentora. Era optimista, ingenuo y, sí, estúpido. No era probable en absoluto que con el colapso comunista todos los eventos históricos condujesen a régimenes constitucionales a mayor gloria de Montesquieu. Su vaticinio no era sino un juicio apresurado, superficial y propio de un politólogo banal que se creía un profeta bíblico. Subido a los hombros del burócrata marxista francés Alexander Kojève sentenció "el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como forma final de gobierno humano".

Pero su inspirador, Kojève, no estaba de acuerdo con el discípulo. Trabajando en las instituciones de la Comunidad Económica Europea (además de ser un espía de la Unión Soviética, pero esa es otra historia), Kojève contemplaba el fin de la Historia como una síntesis de socialismo y capitalismo, pero con la economía de mercado sometida a la planificación de burócratas estatales como él mismo, que se veía conformando una "vanguardia de la burguesía". De ahí la deriva cada vez más preocupante de la UE hacia una dictadura blanda de burócratas y expertos constituidos en think tanks por empresarios-filósofos enemigos de la sociedad abierta desde sus poltronas financieras con políticos (conservadores, socialistas, liberales) a sueldo, mientras el Parlamento Europeo es un sucedáneo de la auténtica representación democrática. El más genuino fin de la Historia en la visión hegeliana de Kojève estaría en la confluencia de Estados como China, Rusia y los distintos emiratos islámicos, en la que los derechos individuales estarían siempre subordinados a las necesidades colectivas, la libertad a la seguridad, la virtud, la voluntad general, la salud… o cualquiera de los múltiples valores que los comunitaristas y colectivistas han jerarquizado por encima de la libertad, ese vicio pequeñoburgués… Xi Jinping, Putin… el que sea que ocupe la Casa Blanca, sólo émulos de Napoleón.

Tras la victoria inmediata de los talibanes, reconocerán su régimen países como China, Rusia, Catar, Irán, Turquía... Uno de ellos ha expresado el sentir generalizado de todos los sistemas ideológicos enfrentados a la democracia liberal:

La República islámica de Irán cree que la autoridad procedente de la voluntad del pueblo oprimido de Afganistán es la fuente de la seguridad y de la estabilidad.

El repliegue de los Estados Unidos tras sus fronteras, algo que une a Obama con Trump y Biden, forma parte del tsunami autoritario que se está desplegando por el mundo. La caída del Muro de Berlín habría significado, por tanto, no la victoria de la democracia liberal, sino únicamente la mutación del imperio comunista en diversas modalidades de imperios socialistas (China y Rusia) e islámicos (Irán y Arabia Saudí) con cimientos económicos más sólidos en un capitalismo dirigido, no regulado, por el Estado y sin rastro de su contrapartida liberal en un sistema político regido por los derechos fundamentales.

La derrota en Afganistán de las democracias occidentales es un punto de inflexión. No sólo han perdido los afganos y, sobre todo, las afganas, sino que hemos perdido todos los liberales. Si esto fuese una serie de televisión, el capítulo piloto se llamaría, como sucedía con Juego de Tronos: "Winter Is Coming".

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