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Santiago Navajas

Federico, Melquíades, José Antonio y el sectario Barbón

Con la 'memoria histórica' no solo se falsean los hechos sino que se 'borra' a los personajes incómodos para la izquierda.

Federico, Melquíades, José Antonio y el sectario Barbón - Santiago Navajas
Adrián Barbón (I), junto con Pedro Sánchez en un acto del PSOE. | EFE

Adrián Barbón es el presidente de Asturias y el 18 de agosto rememoró en Twitter el asesinato del poeta granadino Federico García Lorca:

Sin embargo, Barbón no tenía ni una sola palabra para un asesinato cometido pocos días después del de Lorca, igual de trágico pero mucho más paradójico, en el que fueron víctimas varios relevantes políticos asturianos. El olvido del político socialista no es casual sino revelador de eso que llaman memoria histórica, manipulación de la Historia en la que no solo se falsean los hechos sino que se borra a los personajes incómodos para la izquierda.

Y es que el 22 de agosto de 1936 fue asesinado uno de los líderes espirituales de la Segunda República. Liberal y reformista, masón y ateo, laico y pluralista, Melquíades Álvarez fue asesinado por la extrema izquierda en la Cárcel Modelo de Madrid. Su asesinato en la zona republicana evidenciaba cómo la izquierda radical estaba saboteando y atacando el régimen desde sus mismos orígenes.

La noticia conmocionó a Manuel Azaña, que lloró. Álvarez y Azaña se definían como españoles, burgueses y liberales. Es decir, partidarios de una república abierta y tolerante, nada que ver con la deriva totalitaria, golpista y guerracivilista de los socialistas de Largo Caballero, los comunistas de Dolores Ibárruri y los anarquistas de Durruti, la Santísima Trinidad del republicanismo antiliberal.

Melquíades Álvarez había denunciado esa deriva de la Segunda República. Por ejemplo, había defendido el derecho de los católicos a profesar su religión frente a la campaña anticlerical de la izquierda. No se lo perdonarían los quemaconventos. Asesinado por los mismos motivos (burgués, liberal, pluralista) que Lorca lo había sido por la extrema derecha, Álvarez pertenecía, como el poeta granadino, a la Tercera España que no era ni filofascista ni filocomunista. Lorca, en una entrevista, había reprochado a Valle Inclán y a Alberti sus devaneos con el fascismo y con el comunismo, así como el sometimiento del arte a una ideología proletaria. Si es verdad que lo asesinaron los fascistas, no es menos cierto que, como en los casos de Campoamor y Castillejo, la vida del poeta también habría corrido peligro en el lado republicano

Lo contrario es prostituir el arte. Ahí tienen ustedes el caso de Alberti, uno de nuestros mejores poetas jóvenes que, ahora, luego de su viaje a Rusia, ha vuelto comunista y ya no hace poesía sino mala literatura de periódico. ¡Qué es eso de arte proletario!

Ambos tenían algo más en común: un vínculo con José Antonio Primo de Rivera. Paradigma de ejemplaridad liberal, nuestro abogado hizo lo impensable: si Lorca era amigo de José Antonio Primo de Rivera, aunque en sus antípodas ideológicas, Álvarez, impregnado del mismo espíritu cívico, se avino a defender al dirigente de Falange en el juicio que finalmente le costó la vida. Todo el mundo se merece un juicio justo, defendía, frente a los que pretendían linchar a Primo de Rivera. En pago por su ejemplo de defensa del Estado de Derecho y de la presunción de inocencia, al que lincharon los izquierdistas fue al propio Álvarez.

Dichos asesinatos, el de Lorca en el bando franquista y el de Álvarez en el bando republicano, que estaba siendo fagocitado a marchas forzadas por la extrema izquierda, simbolizan una tragedia española: la república liberal atacada por totalitarios de todos las sectas. La asimetría a la hora de recordarlos por parte de la izquierda muestra cómo reconoce implícitamente su responsabilidad en el asesinato de Álvarez. En lugar de pedir perdón y mostrar arrepentimiento, trata de borrar sus huellas a través de una ley de memoria histórica que no es sino un burdo intento de ocultar la pistola humeante que empuñaron los que clavaron a Álvarez una bayoneta en la garganta y le descerrajaron dos tiros.

También fueron asesinados otros republicanos liberales por los izquierdistas que estaban sometiendo Madrid a una dictadura de sangre y fuego (en expresión de Chaves Nogales en su magnífico relato sobre las checas al estilo soviético en el Madrid republicano): Manuel Rico Avello y Ramón Álvarez-Valdés. Recordemos que todos ellos militaban en el Partido Republicano Liberal Demócrata, por si alguna vez vuelve a haber en España un partido liberal (Inés Arrimadas y Juan Marín, de Ciudadanos, partido que se pretende liberal, sí se han acordado del asesinato de Lorca, pero ninguno ha hecho mención al de Álvarez, el gran referente político liberal de la Segunda República. Seguramente ni saben quién fue).

Por analogía con el tuit del presidente de Asturias, honremos la memoria de unos políticos asturianos de los que no quiere acordarse Barbón:

85 años desde que los fusiles izquierdistas trataron de apagar para siempre la voz de Melquíades Álvarez, Manuel Rico Avello y Ramón Álvarez-Valdés. Pero no lo consiguieron. Su obra y su memoria permanece y se engrandece, para desgracia de los socialistas que los asesinaron por su tolerancia, su pluralismo y su republicanismo liberal.

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