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Santiago Navajas

Ciudadanos no es como Vox, lamentablemente

Las declaraciones de Toni Roldán comparando a Vox con Bildu, apoyadas por Francisco Igea, explican tanto el éxito de Vox como la debacle de Cs.

Ciudadanos no es como Vox, lamentablemente - Santiago Navajas
La presidenta de Cs, Inés Arrimadas. | Jesús Hellín / Europa Press

Las declaraciones del ex de Ciudadanos Toni Roldán comparando a Vox con Bildu, apoyadas por Francisco Igea, candidato del partido naranja a la presidencia de Castilla y León, explican tanto el éxito de Vox como la debacle de Ciudadanos. El partido de Santiago Abascal y Ortega Lara empezó como el partido de Albert Rivera y Arcadi Espada. Ambos eran desafíos al statu quo implantado por el PP y el PSOE, ambos cómodos con el pacto implícito desde la Transición para turnarse en el poder con el apoyo de los nacionalistas.

El turnismo entre demócrata-cristianos y socialistas, aplaudido por los medios de comunicación hegemónicos y vigilado por los nacionalistas, significó expulsar del ámbito político y cultural a conservadores y liberales. Los conservadores, sin embargo, han conseguido reconstruir su casa. Vox no es sino un PP en versión conservadora. Ciudadanos debía ser una izquierda en clave liberal. Vox ha cumplido con su intención, liderando a los españoles que en la derecha no tienen complejos de inferioridad cultural y política respecto a la izquierda y defienden unos valores patrióticos y familiares de estabilidad, seguridad y confianza en las tradiciones. Es verdad que los artistas son más glamurosos que los contables, pero es más seguro que en unas elecciones generales voten los segundos, ya que los primeros estarán recuperándose de la última orgía poliamorosa. Pero los liberales siguen vagando impotentes, refugiados en el columnismo y los think tanks.

La equiparación de Vox con Bildu que han hecho Roldán e Igea no es sino la constatación de su resentimiento ante aquellos que han triunfado en la misma labor en la que ellos fracasaron. Porque finalmente Ciudadanos quiso participar del statu quo convirtiéndose en una versión pretendidamente cool y superficialmente descorbatada del PSOE, reculando en sus principios y pidiendo perdón por defender lo obvio desde un punto de vista ilustrado: que la ley de violencia de género no es feminista sino liberticida, que el Estado de las Autonomías se ha convertido en unas taifas desvertebradas y que los nacionalistas son un peligro para el Estado de Derecho tanto en su versión terrorista como golpista.

En una ocasión comenté con una de las mejores cabezas de Vox, José Luis Ruiz Bartolomé, el distancimiento de un liberal hacia su partido por medidas como, por ejemplo, el centralismo o la postura sobre despenalización del aborto. Además, el proteccionismo nacionalista es incompatible con el liberalismo económico. Pero de ahí no se sigue que Vox sea un partido de espíritu anticonstitucional ni que haya que establecer un cordón sanitario que impida pactar con los de Abascal.

La comparación más precisa con Vox en el espejo ideológico no es con Bildu, evidentemente, sino con el PSOE, dado que son la derecha conservadora y la izquierda socialista, respectivamente, con el PP y Cs ocupando el centro. Bildu, ERC, Podemos sí son partidos antisistema vinculados a lo único que a cualquier demócrata repugna: la violencia, ya sea en su modo terrorista o golpista. Por cierto, no olvidemos que los socialistas no tenían ningún reparo ni escrúpulo en situar a Ciudadanos en la extrema derecha, algo que en lugar de provocar la risa y el desprecio a los liber-progres les producía un pánico cerval y les hacía arrodillarse delante de El País y la cadena SER implorando su nihil obstat para integrarse en la tribu políticamente correcta. Por el contrario, cuando a Vox lo tachan de ultraderecha, sus líderes no sólo se ríen sino que se burlan de los periodistas y politólogos que ejercen de brazo mediático de la izquierda.

Roldán es un ejemplo paradigmático de los liberales que en Ciudadanos se sometieron a los dogmas iliberales de los socialistas por el complejo de sumisión a los medios hegemónicos en la izquierda. La comparación de Vox con Bildu es peor que una infamia: un error que implica que no hay esperanza de que pueda haber una alternativa liberal en el corto plazo en España por la imposibilidad de atreverse de píldora roja del coraje intelectual necesario para salir del Matrix progre.

Pero además de una infamia y un error, la comparación de Roldán entre Vox y Bildu muestra algo todavía más preocupante de los progres: un complejo de superioridad moral que les hace creerse más inteligentes, más guapos, más cultos que el resto. Lo que simplemente les haría ser patéticos si no fuese porque ello les lleva a arrogarse el derecho de cancelar, pontificar y repartir carnés de demócratas arbitrariamente. Jonathan Haidt explica que los progresistas suelen ser más intolerantes hacia los conservadores que al contrario. Esto se explica porque los conservadores tienen un perfil ético más equilibrado entre los cinco fundamentos morales básicos, mientras que los progresistas están ciegos respecto a tres de los que sustentan la visión moral de los conservadores.

Ha sido la traición de intelectuales como Roldán e Igea al desafío que suponía Ciudadanos respecto a la hegemonía del paradigma ideológico impuesto por los nacionalistas, sobre qué significa España como proyecto histórico, y de los socialistas, entregados a las políticas de la identidad del feminismo radical y a la ingeniería social más intervencionista, lo que ha finalmente ha hecho que Ciudadanos no sea como Vox, lamentablemente, disolviéndose como un azucarillo en el aguardiente de la banalidad y el entreguismo.

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