Menú
Santiago Navajas

Carta a un joven estudiante sobre Palestina e Israel

Defendamos a Israel desde el río hasta el mar. Y trabajemos para que los palestinos consigan vivir en un Estado en el que no haya paz para los malvados y sí para los hombres y mujeres de buena voluntad.

Defendamos a Israel desde el río hasta el mar. Y trabajemos para que los palestinos consigan vivir en un Estado en el que no haya paz para los malvados y sí para los hombres y mujeres de buena voluntad.
Bengalas lanzadas por el ejército israelí durante sus ataques en el norte de Gaza. EFE/EPA/MOHAMMED SABER | EFE

Me ves ocupado en el ordenador, pero tienes ganas de charlar, así que con la mejor de tus sonrisas y a bocajarro me preguntas ¿con quién estás, con Israel o con Palestina? Levanto la mirada de la pantalla y veo en tu cara un gesto entre la sorpresa y la incredulidad cuando te respondo que con ambos. No puedo evitarlo, así que me pongo en modo profesor y pregunto retóricamente "¿Pero qué son Israel y Palestina?". A estas alturas tu sonrisa ha desaparecido y te llenas de la seriedad de quien se ha puesto a pensar. Respondo: son los palestinos y los israelíes de carne y hueso, los que sufren los atentados, las bombas, la amenaza de estar hoy vivo y mañana, muertos. "Hay que estar con los palestinos y con los israelíes", concluyo.

Es fácil caer en la falacia del falso dilema, consistente en plantear una simplificación de un problema ofreciendo únicamente dos alternativas cuando puede ser que haya más. También se conoce esta falacia como del tercio excluido, porque se omite la existencia de una tercera opción, o del cornudo, porque se nos intenta encerrar entre los dos cuernos de un toro problemático. En el caso de la cuestión entre Israel y Palestina, los cuernos son especialmente peligrosos porque si no te das cuenta del falso dilema la falacia te lleva a estar al cien por cien con un cuerno y, siguiendo una lógica perversa, a hacerte enemigo del otro cuerno. Pero hay que evitar en lo posible caer en esta dialéctica amigo/enemigo porque la política suele ser un espectro de grises en la que pocas cosas son blancas o negras.

¿Quieres leer el artículo completo?

Y de paso navegar sin publicidad
HAZTE SOCIO