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Santiago Navajas

Clásicos para niños y adolescentes: una biblioteca veraniega

Valen más unas pocas páginas de Kafka, como Un artista del hambre, que las obras completas del último autor de tochos juveniles de moda.

Valen más unas pocas páginas de Kafka, como Un artista del hambre, que las obras completas del último autor de tochos juveniles de moda.
El capitán Alatriste. | Archivo

Las bicicletas, los helados y los libros son para el verano. También las películas, los cómics, los poemarios… Las vacaciones y el calor, el tiempo libre y las playas, pueden ser los mejores aliados para recorrer países exóticos sin salir de la piscina (La vuelta al mundo en 80 días, Julio Verne), cometer asesinatos virtuales (Crimen y castigo, Dostoievski) o resolver el gran misterio del cosmos mientras ligamos bronce (El universo en una cáscara de nuez, Stephen Hawking). La gran diferencia de rendimiento intelectual entre los estudiantes viene en gran parte por la cantidad y, sobre todo, calidad de sus lecturas. Valen más unas pocas páginas de Kafka, como Un artista del hambre, que las obras completas del último autor de tochos juveniles de moda.

Suelo decir a mis alumnos que mi principal función no es la de "enseñar Filosofía" —en el sentido de unos contenidos mínimos sobre las materias de Ética, Filosofía e Historia de la Filosofía (aunque también)— sino más bien mostrarles cómo se debe leer y escribir. ¿Qué es un intelectual?, se preguntaba George Steiner, que respondía: alguien que cuando lee empuña un bolígrafo como el capitán Alatriste manejaba su espada ropera. Bueno, he parafraseado al pensador inglés y lo del personaje de Pérez Reverte lo he añadido yo. Por cierto, como nos cuenta el escritor cartagenero, Alatriste dominaba todavía mejor que la espada la llamada "vizcaína", una daga estrecha y alargada que manejaba con la zurda y con la que lanzaba "una cuchillada corta como un relámpago que no daba tiempo ni a pedir confesión". El equivalente de la espada y la daga del héroe venido a menos de los tercios viejos de Flandes es el bolígrafo y el lápiz en el alumno que quiera sumergirse en las profundidades de Dostoievski y Shakespeare, Cervantes y Quevedo, Heidegger y Wittgenstein, Javier Marías y Arturo Pérez Reverte, etc.

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