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La Ilustración Liberal

Libro pésimo

"Ellos"

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Antonio Baños ha sacado un libro que es un alegato contra la economía cargado de rabia y escrito con mucha gracia. Está en la línea del libro de Viviane Forrester El horror económico, título claramente autorreferido. De hecho, ocurre lo mismo con su libro, en el cual, como nos advierte ya en el título, "La economía no existe".

Dice que la economía es muy seria y que la seriedad "nunca nos ha traído nada bueno". Que no sufra Antonio Baños por esta reseña, porque su principal objetivo consiste, precisamente, en pasar un buen rato.

Quizá lo primero que haya que decir de este volumen es que apenas deja resquicio a que se explaye en esta sección este pobrecito hablador, ya que desde las primeras páginas Baños lo dice todo. Para él, "el método y el rigor, utilizados desde el dogma, no son más que trabas que se oponen al conocimiento". Sus caminos son otros, los de "la experiencia directa y la asociación de ideas, la excepción, la patafísica". Baños se pone, de hecho, harto patafísico desde el comienzo.

Por ejemplo, cuando parte de la idea (no sabemos si en él es excepción o experiencia directa) de que "ser preciso en los términos y buscar las palabras técnicas adecuadas" no es más que "una forma de hacerles el juego". Y como se trata de una oposición patafísica a la economía, en este tuya-mía "no les vamos a dar ventaja usando su juego. ¿No te fastidia?". No, de eso nada. "Donde otros utilizan plusvalía, agregación, marginalismo o apalancamiento, desde aquí se animará a contraatacar con términos como esto, aquello, cosa, fistro o timo".

Y, de inmediato, seguidos el uno de la otra, la tesis del caballero y el método.

Primero la tesis: "Este libelo parte de la certeza de que las leyes que dan forma a la cosmología económica son particulares, transitorias y fruto de un sistema de dominación". Lo primero, rebrote de aquella forma romántica de la economía que es la Escuela Histórica Alemana, antesala intelectual de lo que ya saben y que, a diferencia del capitalismo, es un auténtico sistema de dominación. Esta última pretensión proviene de otra tradición del pensamiento que también recoge y hace suya, pero a la que concede la cortesía de citar: el marxismo.

Y el método: "No hacerles caso, impugnarlas a veces e ignorarlas casi siempre será aquí norma de conducta, como es propio de un caballero razonable". Que no atiende a más razones que las de la ignorancia, como deja claro desde el comienzo. "La economía no existe". ¡Si nos lo ha advertido desde las primeras letras!

El libro, de hecho, comienza con ese mismo tono. En un gesto de humildad elogiable, pero mal entendida, Antonio Baños se esfuerza en cada página por hurtar al lector cualquier sombra de pensamiento inteligente o, al menos, reconocible. Pero el lector debe perseverar, porque el periodista se cansa de ese papel y es entonces donde aparece el verdadero autor, con más y mejores ideas que las que promete en las primeras páginas.

La economía no existe está transido de un animismo primario que lleva, como corolario inescapable, a la conspiranoia. Los fenómenos que son procesos sin intención (los precios, el trabajo asalariado, la contabilidad…) aparecen en estas páginas como personajes de un folletín, con intenciones perversas. Son palancas, instrumentos del deus ex machina de esta mala novela histórica, del malo de esta historia que, como los malos de todas las conspiranoias, es un ellos indefinido e impreciso que se mantiene en todas las edades, con idénticos objetivos inconfesables (poder, dinero…), y que, por algún arcano motivo, somete como si fueran peones de la historia a los individuos más heterogéneos. Son ellos, el lector aficionado a esta literatura ya lo sabe, los que todo lo dominan y controlan, los que someten a los demás. ¿Hará falta más para atrapar a un caballero razonable?

Salvemos las distancias; pero, al igual que Marx, acaso por puro odio hacia la ciencia, acusaba a quienes no pensaban como él de no ser científicos, Baños, que deja rastros indirectos, pero reconocibles, de gnosticismo, acusa a la ciencia económica de ser un conocimiento "profundamente esotérico".

Baños, lo advierte desde el arranque, utiliza indistintamente las palabras economía, econocracia y capitalismo. Todo es uno y lo mismo: la ciencia social, la ideología, la experiencia humana, las fases de la historia, las clases sociales... La patafísica es caprichosa en sus métodos.

De hecho, este es un libro de aluvión, en el que se agolpan, de modo asistemático, ideas valiosas, chistes francamente buenos, vaciedades que provocan vértigo y referencias de todo tipo. No es la casa de un aquejado del síndrome de Diógenes, salvo en la acumulación y el desorden, porque, por lo demás, el lector no saldrá de ahí sin haber visto piezas de valor.

Por ejemplo: Baños nos da un pequeño apunte de verdadera economía. Esta ciencia parte de un hecho radical, que es la escasez, y que Baños explica admirablemente: "El caso es que si dividimos un bien relativamente abundante por un deseo ilimitado de ese bien, el resultado será siempre el mismo: la escasez". Así es. Pero en lugar de negar que tenemos la capacidad de imaginar y desear necesidades más allá de las que ya cumplimos, Baños hace dos cosas, las dos con huellas antiguas en la literatura. La primera es imaginar –"imaginemos", dice– que no hay escasez. Y pone el ejemplo, todo él imaginario, de un hombre que sólo desea melones y que tiene muchos más de los que puede comer, dada la limitada capacidad del estómago humano (una observación, por cierto, que ya hizo Adam Smith en La riqueza de las naciones). Ya nos lo imaginamos. ¿Y? Nada más; en el imaginario acaba el argumento. La segunda es decir que tenemos necesidades reales (que, según Baños, han sido satisfechas en algún punto del siglo XX), y que todo lo demás son pseudonecesidades, inoculadas en nuestros maleables espíritus por… sí, ellos, los creadores de esta amalgama que Baños llama "economía" o "capitalismo" según le convenga.

La economía no existe es una lectura entretenida, picante y cachonda, que no puede convencer más que a los convencidos y que provocará la risa floja a quienes estén familiarizados con la ciencia social.

Antonio Baños, La economía no existe, Los Libros del Lince, Barcelona, 2009, 240 páginas.

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