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Una ciudadana ejemplar en la Rusia de Stalin

Lidia Chukóvskaia, la autora de esta escalofriante novela, expresa sus propios sentimientos cuando describe las inquietudes y penalidades que sufre Sofia durante aquel largo invierno de 1937-38.

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Anna Ajmátova dedicó su obra más conocida, Requiem, a los cientos de madres, hermanas, esposas o amantes que, como ella misma, pasaron el crudo invierno de 1937-1938 ante las cárceles de Leningrado a la espera de conocer la suerte de sus familiares o amigos detenidos.

Una de aquellas mujeres fue la escritora Lidia Chukóvskaia, cuyo marido, Matvéi Bronstein, un físico de 31 años especializado en teoría cuántica y gravitación, había sido arrestado a primeros de agosto de 1937 y encarcelado en Leningrado por cometer "crímenes contra el Estado".

Meses después de la detención de su marido, Lidia, tras haber soportado colas interminables, consiguió averiguar que había sido juzgado y condenado a diez años de prisión "sin derecho a correspondencia". Ella entonces no sabía que en la jerga del NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos, que era el nombre oficial de la policía política de Stalin) esa expresión, "sin derecho a correspondencia", significaba que el reo había sido ya fusilado, así que continuó haciendo colas, escribiendo cartas y confiando en que algún día su marido sería liberado.

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