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Santiago Navajas

Los hombres que inventaron el feminismo: Jesús de Nazaret

Es significativo que se mostrara infinitamente más comprensivo y tolerante hacia las mujeres en general y las descarriadas en particular que las feministas socialistas de hoy.

Santiago Navajas
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Es significativo que se mostrara infinitamente más comprensivo y tolerante hacia las mujeres en general y las descarriadas en particular que las feministas socialistas de hoy.
David Alonso. 

"¿Pero es que, preguntado el Señor por estas cuestiones, iba a hablar a una mujer ocultamente y en secreto para que todos [la] escucháramos? ¿Acaso iba a querer presentarla como más digna que nosotros?" (Evangelio según María Magdalena).

Stuart Mill escribió sobre la relación entre feminismo y cristianismo:

La doble influencia de la civilización romana y del cristianismo borró esas distinciones, y en teoría, ya que no completamente en la práctica, proclamó que los derechos naturales del ser humano son superiores a los derechos del sexo y de la posición social.

Esa igualdad esencial entre hombres y mujeres, que el cristianismo incorpora, tuvo su primera formulación en el terreno religioso –no en la teoría (como vimos, fue cosa de Platón), ni en la representación artística (ya que fue Sófocles)– en el ejemplo práctico de Jesús de Nazaret en su trato con las mujeres.

Hay mucho debate sobre si cabe aplicar a Jesús el calificativo de feminista. Antonio Piñero sostiene que no en su libro Jesús y las mujeres. Pheme Perkins, en Jesús como maestro, que sí. Hay que tener en consideración el contexto fuertemente misógino de la actuación y predicación de Jesús, por lo que su conducta significó sin duda una relajación de las rígidas reglas que discriminaban y subordinaban a las mujeres. Piñero sostiene que algunos de los relatos que describen a Jesús como favorable al reconocimiento moral y social de las mujeres fueron formulaciones muy a posteriori, que no se pueden usar para comprender al Jesús histórico. Pero ello no importa por lo que respecta a la hora de la influencia ideológica la distinción entre el Jesús real y el Jesús mítico, ya que no afecta a la conformación de unos valores y una tradición. Mientras que en el caso de Platón su teoría feminista no tuvo influencia en los siglos ulteriores, y solo muy matizadamente en la actualidad, el ejemplo de Jesús favoreciendo a las mujeres y dándoles un trato de igualdad, dentro de los cánones de la época, sí que puede llevar a revolucionar la jerarquía masculino-femenino dentro de las diversas religiones cristianas y sus correspondientes instituciones de poder.

Si no en la teoría, Jesús sí promovió la liberación de las mujeres, tanto explícitamente en el caso de la mujer que iba a ser lapidada por adulterio como de forma implícita en la defensa de ellas como dignas de escuchar su mensaje. No solo los famosos apóstoles le siguieron y acompañaron, también mujeres que participaron de su vida pública y estuvieron cerca de él hasta su muerte y más allá (nunca mejor dicho). Es significativo que se mostrara infinitamente más comprensivo y tolerante hacia las mujeres en general y las descarriadas en particular de lo que hoy lo son los conservadores reaccionarios y las feministas socialistas.

El episodio más famoso sobre su defensa de las mujeres es, como mencionábamos, cuando salvó a una acusada de adulterio de ser lapidada (el castigo era igual para hombres y mujeres en el caso de ser sorprendidos in fraganti, no así cuando solo había sospechas). Sin embargo, pasan más desapercibidos otros dos pasajes del Evangelio en el que trata a las mujeres como sus iguales, tanto en lo intelectual como en lo espiritual. En Lucas, 8: 1-3 reside la clave para reclamar el sacerdocio de las mujeres, como ya existe en algunas iglesias protestantes:

Predicando y anunciando la Buena Nueva del reino de Dios, y con Él los Doce, y también algunas mujeres, que habían sido sanadas de espíritus malignos y enfermedades: María, la llamada Magdalena, de la cual habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cuza, el intendente de Herodes; Susana, y muchas otras, las cuales les proveían del propio sustento de ellas.

También tenemos el ejemplo de otra María que escucha predicar a Jesús mientras su hermana, Marta, hace las tareas propias del hogar. Marta protesta y reclama a Jesús que ordene a María que se dedique a cuidar la casa y deje de hacer esa tarea presuntamente destinada a los hombres como es la de hablar sobre temas de trascendencia:

Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. (Lucas, 10: 40-42)

Desde el punto de vista cristiano, dos momentos son cruciales en la vida de Jesús: su concepción y nacimiento, por un lado, y su muerte y crucifixión, por el otro. En ambos, el papel de las mujeres cobra un protagonismo especial respecto al de los hombres. Si María es la madre de Jesús, y la única que se le acerca en cuanto a divinidad, otra María, la Magdalena, es el primer ser humano al que se le aparece tras su resurrección. Pero, como hemos visto, las mujeres también tienen un rol protagónico y decisivo durante su vida como predicador y profeta, acompañándolo como hacían los doce apóstoles.

Tanto la Virgen María como María Magdalena son también simbólicas del igualitarismo que se desprende de los Evangelios en cuanto que aparecen siempre no solo como mujeres independientes, no subyugadas, sino como una especie de primus inter pares de los hombres que acompañan a Jesús. Si Pedro era el cimiento sobre el que Jesús pensaba construir su iglesia, María Magdalena representaba la elevación del templo por encima de sus fundamentos básicos. Y esto era algo que molestó a Pedro, que se quejó a Jesús sobre el comportamiento de María Magdalena en uno de los textos gnósticos, Pistis Sophia:

Maestro, no podemos soportar a María Magdalena, porque nos quita todas las ocasiones de hablar; en todo momento está preguntando y no nos deja intervenir.

La indignación de Pedro hacia María Magdalena la llevó hasta sus últimas consecuencias Pablo, el genial constructor en la práctica del cristianismo como religión más allá de la secta judaica que era en un principio. En su reinterpretación del mensaje de Jesús, Pablo fagocita a Pedro pero, sobre todo, minusvalora el papel de María Magdalena. Es significativo que esta mujer tenga más fama de prostituta que de maestra, discípula, líder y apóstol, que le cuadra más y es el que se pone de manifiesto en uno de los evangelios no reconocidos como oficiales por las diversas Iglesias cristianas: el de la propia María Magdalena. Este evangelio pertenece a la corriente gnóstica, que perdió la batalla por la hegemonía dentro del cristianismo contra la versión paulina. En los pocos fragmentos conservados se pone de manifiesto el influjo de María Magdalena sobre los discípulos: con su fuerte carácter, valiente y carismático, se comportaba como una líder. Sin duda, esto la convertía en una poderosa rival de Pedro, el cual, recordemos, no se había caracterizado precisamente por su coraje ni estaba dotado de las habilidades retóricas de María. Si Jesús era un revolucionario, su mejor compañía era la rebelde María Magdalena, no el romo Pedro.

Leví dice a Pedro: "Siempre tienes la cólera a tu lado, y ahora mismo discutes con la mujer enfrentándote con ella. Si el Salvador la ha juzgado digna, ¿quién eres tú para despreciarla? De todas maneras, Él, al verla, la ha amado sin duda. Avergoncémonos más bien, y, revestidos del hombre perfecto, cumplamos aquello que nos fue mandado. Prediquemos el evangelio sin restringir ni legislar, [sino] como dijo el Salvador.

Tanto María, la madre de Jesús, como María Magdalena vienen a encarnar las dos dimensiones de la mujer primordial en la tradición judía: la Eva del Génesis. Frente a la visión machista tradicional, que la ha pintado como si hubiera que responsabilizarla de la caída originaria, Eva puede ser vista como la primera que opta por el conocimiento frente a la ignorancia, teniendo que pagar el precio de una felicidad tan plena como inocente, y también, claro, la primera que da vida. Eva como madre y Eva como intelectual es el desdoblamiento que tiene lugar en las figuras de María y María Magdalena. Una visión desde el feminismo liberal de la Biblia no solo rescataría a tantas mujeres que han pasado desapercibidas en el relato ortodoxo, sino que haría una revisión de la interpretación que ha ocultado que, desde Eva a María Magdalena, pasando por Judith y María, las mujeres bíblicas han dado una lección de autonomía moral, y de cómo las mujeres tienen un lugar tan destacado en el mensaje de liberación de Jesús como los hombres. Es, en este sentido, especialmente ridículo, además de un resquicio de misoginia disfrazado de progresismo, que teólogos protestantes como Karl Rahner hayan relatado que la mariología es el "tumor de la teología católica". En todo caso, lo que habría que hacer es reactualizar dicha mariología, como empezó a hacer, tímidamente, la encíclica Marialis cultus y, posteriormente, Redemptoris Mater.

En estos tiempos en los que el feminismo liberal tiene emprendida una guerra cultural contra los que pretenden imponer a las mujeres sus dogmas de género, es fundamental reivindicar a mujeres que, como la Virgen María (a la que el feminismo radical declaró una figura negativa para la mujer liberada) y María Magdalena, decidieron libremente acometer gestaciones heterodoxas y fundar familias que se salían de la norma, luchando contra los prejuicios y dando una muestra de cómo la libertad y el amor son los dos valores supremos por los cuales merece la pena entregar la vida.

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