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Leandro Fleischer
Leandro Fleischer

Argentina: la histórica derrota del oficialismo y el intento de 'kirchnerizar' la realidad

El pasado día 14 se celebraron elecciones legislativas en Argentina. Como era de esperar, el kirchnerismo perdió en gran parte del país.

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El pasado día 14 se celebraron elecciones legislativas en Argentina. Como era de esperar, el kirchnerismo perdió en gran parte del país.
El presidente de Argentina, Alberto Fernández. | EFE

El pasado día 14 se celebraron elecciones legislativas en Argentina. Como era de esperar, el kirchnerismo perdió en gran parte del país, incluso en algunas provincias y distritos del Gran Buenos Aires en los que solía dominar.

Cristina Kirchner estuvo ausente en el búnker de su partido, el Frente de Todos, alegando que su médico le había indicado reposo, ya que recientemente fue sometida a una cirugía. Recuerdo que en mis tiempos de estudiante universitario solía esgrimir excusas similares cuando no estaba preparado para un examen. Alberto Fernández tuvo que ser la estrella del triunfo kirchnerista.

No, no es un error, señalé que se trató de un triunfo debido a que opté por usar la lógica kirchnerista. Le explico: la diputada electa del Frente de Todos por la provincia de Buenos Aires, Victoria Tolosa Paz (vaya nombre en esta situación), dijo que su facción había perdido ganando y que la oposición había ganado perdiendo. ¿No lo entiende? Pero si está clarísimo. El kirchnerismo no puede perder, vence a todos, todo el tiempo y en todas las áreas. Ni siquiera la matemática es rival para esta corriente peronista.

De hecho, el presidente mismo manifestó toda su alegría durante el festejo en el búnker kirchnerista e instó a sus partidarios (me refiero a los de Cristina) a celebrar el triunfo en la movilización por el Día del Militante (peronista, claro).

En mayo de este año escribí un artículo para Libertad Digital, titulado "La alegría es solo kirchnerista", en el cual enumeré una cantidad de fracasos que el oficialismo se había adjudicado como rotundos éxitos, pero debo reconocer que esta vez se ha superado a sí mismo.

Los resultados muestran que Juntos por el Cambio, el principal partido opositor, ganó en 12 provincias y en la ciudad autónoma de Buenos Aires; el Frente de Todos se quedó con 9 provincias; en tanto que en las dos restantes se adjudicaron la victoria dos facciones provinciales. Sin embargo, la lógica kirchnerista, que, como mencioné anteriormente, vence a la matemática, también vence a la realidad.

La realidad muestra que la emisión ilimitada destinada a financiar el gasto populista genera la impresionante inflación que sufren los argentinos, por lo tanto, así como existen las derrotas que son victorias, también existen las soluciones que no solucionan (o incluso empeoran) los problemas. Por lo tanto, el secretario de Comercio, Roberto Felleti, decidió lanzar un programa que lleva solo 4.000 años de fracasos en todo el mundo: el control de precios. Pero bueno, como dicen, siempre hay una primera vez para todo y quizá esta vez funcione, por más que su fracaso ya empezó a sentirse. El fracaso exitoso, claro. En realidad sería el éxito del fracaso, ¿no? No sé, la filosofía kirchnerista es difícil de seguir.

También podemos referirnos a los graves y continuos hechos de inseguridad que terminan con la vida de ciudadanos de bien, especialmente en el que hasta ahora era el principal feudo kirchnerista, la provincia de Buenos Aires. Claro que se responsabiliza a la política garantista del Gobierno y a las liberaciones de presos durante la pandemia por motivos "humanitarios". Es que en la visión de país del kirchnerismo seguramente existen los ladrones honestos, por supuesto, como los exfuncionarios y amigos del poder corruptos recientemente liberados.

¿El impresionante aumento de la pobreza y la desocupación? Seguramente se deba a que se incrementa reduciéndose. ¿El "fantástico" manejo de la pandemia que, además de provocar una profundización de la crisis económica, resultó en la muerte de 116.000 personas al momento de escribir estas líneas? Una gestión pésimamente maravillosa.

Lo cierto es que el kirchnerismo perdió (ganando, claro) 5,1 millones de los votos que había obtenido en la última elección presidencial, que derivó en la victoria (esta vez sin derrota) de Alberto Fernández en 2019. Pero el kirchnerismo es especialista en festejar fracasos, ya que es una corriente peronista, y el peronismo nunca es vencido ni se equivoca, diga lo que diga la entrometida realidad.

Otro dato interesante de las últimas elecciones está relacionado con los buenos resultados obtenidos por los liberales, como Javier Milei en la ciudad autónoma de Buenos Aires (17%) y José Luis Espert en la provincia de Buenos Aires (7,5%), ya que sus facciones se convirtieron en las terceras fuerzas en sus respectivos distritos. Este boom liberal también llevó a Juntos por el Cambio a presentarse a las elecciones con renombrados liberales en sus filas, como Ricardo López Murphy y Gustavo Lacha Lazzari. Incluso se está hablando de posibles alianzas entre los halcones de Juntos por el Cambio con Milei o Espert, algo que podría dividir a la principal facción opositora.

Si bien el avance de los liberales puede ser un aspecto positivo, al menos a nivel económico, es importante que sepan manejar la situación y evitar llevar a cabo alianzas que puedan ser aprovechadas por partidos cuyo fin está alejado de los valores de la libertad y que las facciones sean copadas por personas que usen la plataforma con el único objetivo de oponerse a la izquierda, pero cuyas sus ideas poco tienen que ver con las liberales, sino con el odio racial, la homofobia y el autoritarismo. Por este motivo, considero que si bien han de dar prioridad a la economía, no deben olvidar debatir otros asuntos, como la liberalización absoluta de los vicios (drogas, juego y prostitución), y tienen que marcar distancias con ese tipo de personajes. A veces es preferible perder apoyo transitoriamente para construir una base liberal verdadera y evitar los peligros que representan los intolerantes que buscan usar el liberalismo para difundir sus fines, que poco o nada tienen que ver con la libertad.

En resumen, dos de cada tres argentinos optaron por votar a candidatos opositores, muchos de los cuales también están en conflicto entre sí, pero lo cierto es que hay un cambio de paradigma en el país, ya que los pobres se están dando cuenta de que son parte de la pobreza estructural que necesita el kirchnerismo para mantenerse en el poder. Es decir, siguiendo con la lógica de Tolosa Paz, podría decirse que los ayudan empobreciéndolos. Las dádivas ya no son suficientes, por lo que el relato kirchnerista está quedando en evidencia. Ellos podrán seguir festejando derrotas y expresando que el fuego no quema, pero las ampollas no pueden borrarse con discursos.

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