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Jorge Soley

Ketanji Brown Jackson: la juez 'ignorante'

No saber casi nada es considerado hoy en día un mérito para ocupar un asiento en el Supremo estadounidense.

No saber casi nada es considerado hoy en día un mérito para ocupar un asiento en el Supremo estadounidense.
La jueza Ketanji Brown Jackson contesta a las preguntas de los senadores. | EFE

Los demócratas no quieren arriesgarse a que el magistrado del Supremo Stephen Breyer, que ya tiene 83 años, se muera en un futuro, bajo presidencia republicana. Demasiado riesgo, así que le han animado a dimitir ahora para así darle la oportunidad a Biden de, al menos, no alterar el equilibrio de fuerzas en el Tribunal Supremo. La elegida por Joe Biden para ocupar el asiento de Breyer, y tal y como ya anunció, es una jueza negra de 51 años, Ketanji Brown Jackson, que confirma que los demócratas están abonados a las políticas de la identidad y al neorracismo woke, ése que ha tirado por la borda aquello de Martin Luther King de ser ciegos al color de la piel y recupera el juicio previo basado en la raza.

Jackson cumple con los requisitos formales que se esperan de un juez del Tribunal Supremo: ha sido jueza de un tribunal de distrito y de un tribunal de apelación, ha sido vicepresidenta de la Comisión de Sentencias de los Estados Unidos, ha trabajado para el juez Stephen Breyer, a quien previsiblemente sustituirá, y es antigua alumna de Harvard. Además, los demócratas controlan ambas Cámaras (parece que no por mucho tiempo), por lo que el paso de Jackson por los interrogatorios a que son sometidos los candidatos al Supremo no prometía grandes titulares. Más allá de sus credenciales, Jackson no genera enormes expectativas (no argumenta con brillantez y es de una rigidez ideológica notable), pero lo cierto es que las audiencias nos dejan la imagen de una candidata incluso menos brillante de lo esperado aunque, eso sí, muy disciplinada, alguien que te asegura que no va a salirse nunca del guión que le van a dictar los activistas woke, muy politizada y con tendencia a hacer declaraciones desconcertantes que son carne de titulares.

Quizás lo más chocante sea su incapacidad para distinguir eso tan raro que responde al nombre de mujer. De hecho, Brown afirmó, sin que le temblase el pulso, que no era capaz de definir lo que es una mujer: "No puedo dar una definición, depende del contexto, no soy bióloga". Ya se ve que no había nadie a su lado que le soplara aquello de "hembra adulta de la especie humana". Como tuiteó el periodista Kangmin Lee, esto es como si a la pregunta "¿cuánto es 2 + 2?" la jueza Jackson hubiera respondido: "No lo sé, senador, no soy matemática". Es difícil imaginar cómo puede juzgar en cuestiones más complejas y sutiles alguien que no sabe distinguir una mujer cuando se topa con una (¿ni siquiera cuando se pone cada mañana ante el espejo?). Es de lo que ha alertado el grupo de defensa de los derechos de la mujer Concerned Women for America:

¿Cómo podemos confiar en que una jueza proteja los derechos de la mujer cuando niega la dignidad única de la mujer?

Sobre la cuestión candente del aborto, Jackson afirmó que hay un "derecho" al aborto en la Constitución, algo que hasta ahora ni los jueces más progres han sabido encontrar en el texto constitucional. Además, añadió que el caso Roe v. Wade es ya "ley establecida" y por supuesto habló en todo momento de "interrupción del embarazo", como si el embarazo se pudiera reanudar, que es lo característico de una interrupción.

Cuando el senador Kennedy le preguntó sobre cuándo empieza la vida, la respuesta de Jackson fue, una vez más: "No lo sé"; añadiendo después: "Tengo creencias personales, religiosas y de otro tipo que no tienen nada que ver con la ley en cuanto a cuándo empieza la vida". Luego le preguntó: "¿Cuándo se aplica la igualdad de protección de las leyes a un ser humano?", y Jackson, de nuevo, dijo que no lo sabía. Y cuando el senador republicano John Cornyn le preguntó a Jackson sobre la viabilidad, sobre el momento a partir del que un bebé puede sobrevivir fuera del útero, Jackson respondió que no quería especular. Cornyn insistió, pero lo único que consiguió de Jackson fue esta respuesta: "No soy bióloga, no lo he estudiado". Y a la pregunta "¿entiende usted, según el precedente actual del Tribunal Supremo, que existe el derecho al aborto hasta el momento del parto inclusive?", Jackson volvió a las andadas: "Senador, en realidad no lo sé". El senador Lindsey Graham preguntó a Jackson sobre el tema del dolor fetal: "¿Puede un niño no nacido sentir dolor a las 20 semanas en el proceso de parto?". "Senador, no lo sé", respondió de nuevo Jackson. Graham prosiguió: "¿Es usted consciente de que se suministra anestesia a un niño no nacido con ese tiempo de gestación si se le somete a una operación porque pueden, de hecho, sentir dolor?". No, tampoco es consciente y no sabe nada de nada al respecto, la jueza Jackson. Como se ve, no saber casi nada es considerado hoy en día un mérito para ocupar un asiento en el Supremo estadounidense.

También llamó la atención la actitud de Jackson en relación a la pornografía infantil, en realidad no muy sorprendente, pues es consistente con su historial de condenas por este delito, sistemáticamente inferiores a las recomendadas. La juez se justificó sosteniendo que hay que tener en cuenta las circunstancias, en un internet en el que la cantidad de imágenes pornográficas es tan grande que a cualquiera se le puede colar pornografía infantil. Con este planteamiento no son de extrañar casos como el que el Washington Post ha sacado a la luz: un pederasta condenado por Jackson a solo tres meses de prisión, en lugar de a los ocho años recomendados, que acabó reincidiendo poco después.

Y cómo no, apareció el tema de la Teoría Crítica de la Raza (ya saben, el racismo es estructural, está por todas partes, y si parece que ha sido superado es sólo porque está mejor camuflado… ¡ah! y todos los blancos, y ahora también los asiáticos, son privilegiados racistas desde su nacimiento) y el adoctrinamiento en la misma en las escuelas. Jackson negó ser adepta de esta ideología… pero el senador Ted Cruz aportó pruebas, discursos y escritos de la juez que lo confirmaban. Entre ellas, un discurso de 2020 en el que habló a favor del papel que supuestamente desempeña la TCR en las sentencias judiciales. Cuando Cruz insistió, Jackson replicó: "Nunca he estudiado la Teoría Crítica de la Raza. Nunca la he utilizado". Lástima que entonces Cruz citara un discurso en abril de 2015 en la Universidad de Chicago en el que Jackson afirmaba:

sentenciar es sencillamente interesante porque funde una miríada de tipos de Derecho, Derecho Penal y, por supuesto, Derecho Constitucional y Teoría Crítica de la Raza.

Cruz le dijo entonces:

Usted describió en un discurso en una facultad de Derecho lo que estaba haciendo como Teoría Crítica de la Raza. ¿A qué se refería?

La respuesta de Jackson, una vez más, fue decepcionante:

Con todo respeto, senador, la cita que usted menciona allí era sobre la política de sentencias, no sobre mi modo de sentenciar.

Mis hijos dan excusas bastante mejores.

Otro aspecto que ha salido a la luz en estas audiencias es el activismo de Jackson, involucrada en campañas de adoctrinamiento infantil contra los niños heterosexuales (cisgender los llaman) y a favor de lo gender neutral. De hecho, la escuela de Washington DC en la que Jackson forma parte del consejo escolar ha puesto en marcha diversas campañas para promover el género neutro entre sus alumnos.

Sobre cuestiones de libertad religiosa, Jackson nos dejó una respuesta inquietante. Al ser preguntada por el senador John Cornyn sobre cómo contempla los ataques a la libertad religiosa en el contexto del matrimonio entre personas del mismo sexo tras la sentencia Obergefell, respondió que los cada vez más abundantes casos son sencillamente por no asumir "la naturaleza de un derecho constitucional". En otras palabras: asumidlo, rendíos y someteos al nuevo orden woke.

En definitiva, si algo ha quedado claro es que la jueza Jackson es lo que un Partido Demócrata cada vez más mimetizado con las políticas de identidad y la agenda woke deseaba. Su enfoque dejará de lado las ya tampoco muy fuertes tendencias al pragmatismo de su antiguo jefe: estamos ante alguien que es, ante todo, un activista woke. Pero bueno, Jackson es negra y fiable, que es de lo que se trataba, y es además de los negros buenos, de los que se someten a lo que la izquierda dicta, no como el juez Clarence Thomas, un negro respondón e indisciplinado al que cualquier día de estos le niegan su identidad y le cuelgan la etiqueta de adyacente a los blancos.

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