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Enrique Navarro

La guerra mundial es inevitable

Tenemos a la mayoría de la población mundial volcada con Putin y a la mayoría del PIB con Occidente en un choque no de civilizaciones, sino de modelos de Estado.

Tenemos a la mayoría de la población mundial volcada con Putin y a la mayoría del PIB con Occidente en un choque no de civilizaciones, sino de modelos de Estado.
El presidente ruso, Vladimir Putin (centro), asiste al desfile militar del Día de la Victoria en la Plaza Roja de Moscú, Rusia, el 9 de mayo de 2022. | EFE

Los paralelismos constituyen una eficaz arma de análisis geoestratégico, y la pantomima electoral de Rusia, la amenaza nuclear, la invasión de Ucrania y las alianzas militares y políticas contra Occidente no son muy diferentes de los pasos dados por Japón y Alemania en los años previos a la Segunda Guerra Mundial.

Para adivinar cuáles serán los próximos pasos de Putin, no hay más que conocer las reglas del mus. Seguro que Putin es un excelente jugador. Lanza órdagos a la grande y a chicas, pero lleva buenas cartas, hace señas de complicidad a sus compañeros y genera falsas esperanzas en los contrarios. En esta dinámica debemos comprender la estrategia y los próximos pasos de Putin.

¿Por qué Putin organiza unas elecciones fraudulentas? Porque necesita la apariencia de legitimidad democrática para atacar a teóricas dictaduras en las que la gente sí vota como es el caso de Ucrania, que es el argumentario de Putin y de sus acólitos en Occidente para justificar la "liberación". El tamaño del fraude, según los primeros análisis, demuestra que ya no existe disimulo alguno en falsear la realidad, lo que nos lleva a pensar que la adhesión mayoritaria al líder no existe en la proporción que se nos quiere hacer creer, y los más grave, que Putin está dispuesto a todo. Las recientes órdenes dadas al FSB (la Gestapo rusa) para buscar traidores dentro de Rusia, es la prueba palpable del régimen de terror que se ha instaurado y que vuelve a convertir al gigante en el país de las multitudes mudas que ya fue bajo Stalin.

En estos dos años de guerra en Europa, Putin ha multiplicado por cifras asombrosas su capacidad de producción militar. Ha gestionado con eficacia una economía de guerra, con crecimientos del PIB inéditos para un país en estas circunstancias, lo que solo es posible con la aquiescencia de India y China. Y tiene en desarrollo las armas nucleares más letales e invulnerables de la historia. Lo que va a hacer Putin es los próximos años es acelerar todos estos procesos de expansión. La muerte de 250.000 jóvenes, y otros cien mil heridos graves, no son más que efectos colaterales inevitables pero asumibles; no le importará sacrificar a un millón si hacen falta para su megalomanía, algo que ningún líder democrático estaría ni siquiera dispuesto a prever.

Para empeorar las cosas, Putin, reforzado por su victoria, acelerará el reclutamiento de 150.000 soldados adicionales para lanzar una ofensiva masiva en junio, justo cuando las posiciones ucranianas estarán más debilitadas por la falta de municiones y de tropas de refresco. En estas circunstancias, ni siquiera daría tiempo para enviar los soldados franceses que con tanta alegría ofrece Macron para morir en los campos ucranianos. Para finales de año las tropas movilizadas podrían alcanzar el medio millón.

Ni los F-16, ni los misiles Taurus, ni los carros de combate Leopardo 2. Ni siquiera la ayuda norteamericana de 55.000 millones, en caso de aprobarse, servirán para una involución de la situación. Ucrania necesita lo más importante, combatientes, y estos se les están acabando entre bajas y un altísimo nivel de estrés que ya es insoportable y que podría provocar un colapso general de todas las líneas a poco que se las ponga a prueba.

Mientras, a Rusia no le faltan las municiones. Tiene a su industria militar trabajando a destajo; una economía apenas alterada por las sanciones internacionales; la posibilidad de adquirir proyectiles de artillería de Corea del Norte, que ha esclavizado a miles de trabajadores para servir a Moscú con todo lo que pueda necesitar; y los suministros de materias primas provenientes de China, otro de los países que se ha apresurado a felicitar a Putin por su victoria.

La ayuda europea de 5.500 millones de Euros que está sobre la mesa, o la de 55.000 millones de EEUU, permitirán mantener el conflicto en la situación actual, lo que no es poco. La estrategia se limita a esperar que una extensión temporal del conflicto hará que Rusia fallezca, pero eso no va a ocurrir. Solo una intervención militar de la OTAN con efectivos y armamento de última generación puede liberar Ucrania, tal como se hizo con Irak en 1991; si no se está dispuesto a esto, es mejor comenzar a pensar en un acuerdo de paz por territorios.

Esta paz que sabría a derrota europea, no sería el final sino el principio de algo mucho peor. Putin sabe que no se encuentra en condiciones ahora de una acción militar contra Polonia o Finlandia, pero solo debe esperar a que sus grandes aliados hagan sus movimientos estratégicos sobre Taiwán y Cachemira, mientras que los países satélites conforman una alianza política, económica y militar que podría ser la más importante del mundo en apenas un par de décadas. Es cuestión de tiempo que Putin envíe a sus divisiones a Europa, solo necesita una señal desde el 1600 Pennsylvania Avenue.

La percepción de que vivimos el final del ciclo de Occidente como dominador del mundo es la principal causa de todos estos movimientos que pretenden asegurar, como en todas las grandes guerras, el acceso a los recursos necesarios para completar este sueño totalitario. Nada que Napoleón, Clausewitz o Sun Tzu no nos hayan enseñado. Putin busca disponer de una órbita de países que manejar a su antojo.

La guerra asimétrica, el terrorismo político, la desinformación, la amenaza nuclear y las acciones militares aisladas serán los instrumentos de esta nueva fase de la guerra. O, mejor dicho, la Tercera Guerra Mundial. Su objetivo será recuperar frente a Europa el Telón de Acero, ese espacio de seguridad que Rusia ambiciona desde 1991. No necesitarán enviar los carros de combate. Llegarán, como ocurrió en Praga o en Budapest, por las autopistas. La guerra de Corea nos mostró que es posible un enfrentamiento militar entre potencias nucleares sin inmiscuirse en la destrucción total mutua, pero teniendo siempre presente en cada decisión esa amenaza. A esa carta juega Putin.

Aunque las encuestas comienzan a mostrar una leve desafección respecto de Trump desde que es el candidato único, sigue teniendo al menos las mismas posibilidades que Biden de ganar, y esto, en este nuevo contexto geoestratégico, constituye una amenaza enorme para nuestra seguridad. Los republicanos en el gobierno fortalecerán su escudo militar, sus capacidades, sus fronteras y pretenderán vivir aislados de los problemas del mundo salvo para acordar con China, India y Rusia el botín de Occidente. Nada harán por los europeos si Putin decide poner el acelerador. Y lo hará.

Si bien en el frente de Ucrania la situación es básicamente de estabilización desde hace más de dieciocho meses, el desgaste Ucrania y su incapacidad de rotar efectivos juegan en su contra. Mientras, para Rusia la estrategia ahora es no parar, sino todo lo contrario. Veremos lo peor de esta guerra en los próximos meses. Cuanto más fuerte llegue Putin sobre Ucrania a noviembre, en mejores condiciones estará para cumplir sus objetivos.

El intercambio de felicitaciones por la pantomima nos muestra la alianza internacional en torno al nacionalismo autoritario de Putin. Sin duda, China, con su calurosa felicitación y las celebraciones en torno a los 75 años de relaciones diplomáticas entre los dos países ha dado pie a la respuesta de Putin defendiendo la anexión de la democracia taiwanesa. Las de Irán y las de sus aliados más fieles, como Bolivia, Nicaragua, Venezuela y algunas exrepúblicas soviéticas llaman menos la atención que las corteses de Turquía, con llamada telefónica incluida. Brasil, México India, donde Putin goza con una amplia aceptación social.

Muy pocos países fuera de la OTAN han condenado la elecciones rusas, se cuentan con los dedos de las manos. Así que tenemos a la mayoría de la población mundial volcada con Putin, y a la todavía mayoría del PIB mundial con Occidente en un choque no de civilizaciones, sino de modelos de estado.

Tropas de la OTAN en Ucrania

Putin indicó que tropas francesas y británicas operan en Ucrania dando soporte a los sistemas entregados. Y además señaló que esto nos conduciría a la Tercera Guerra Mundial y que los europeos serían un objetivo prioritario para sus fuerzas. Lo que pretende claramente amedrentarnos en estos momentos de vacilación y dudas sobre cómo va a terminar Ucrania este año y el resultado de las elecciones norteamericanas.

El aviso de Macron, el reclutamiento obligatorio en Dinamarca, las amenazas en Alemania de restablecerlo, indican claramente que toda la inteligencia occidental apuesta por una continuidad de las hostilidades contra Europa que no se reducirían a Ucrania. Vamos a necesitar duplicar, al menos, nuestros efectivos europeos para disponer de una suficiente distensión. Y cuadruplicar nuestro inventario de sistemas de armas más modernos para evitar la derrota militar. Tenemos que hacerlo en menos de cuatro años, además. La recuperación de capacidades nucleares es ahora mismo más necesaria que nunca para la seguridad europea.

Rusia, una amenaza "total y absoluta", Margarita Robles dixit.

La confirmación y facilidad con la que Putin ha organizado el chiringuito electoral demuestra que existe una clase política dirigente que comparte plenamente los valores y objetivos del Zar, por lo que nada salvo un colapso o derrota rusa podrán provocar una involución política en Moscú. Nadie vendrá mejor después de Putin, esto debemos entenderlo los europeos. Lo preocupante de Putin es la combinación de soberbia y edad, lo que no le da mucho tiempo para ver coronados sus objetivos, así que acelerará y mucho el paso en los próximos años.

Para Europa, la prioridad ya no es la PAC, ni la cohesión, ni la agenda 2030. La seguridad se ha convertido en el punto principal de la agenda europea, y a ella deben asignarse recursos muy superiores a los actuales. No nos queda otra alternativa que detener a Rusia, cuando todavía podemos hacerlo. Los demás problemas, que ahora nos parecen críticos, son realmente secundarios ante la gravedad y dimensión de la amenaza.

España, que había mantenido cierta moderación ante la guerra, aun apoyando sin fisuras a Kiev, se muestra ahora mucho más agresiva, y desde el Cuartel General de Margarita Robles llaman a zafarrancho de combate ante la futura, total, absoluta e inevitable agresión rusa.

¿Por qué España es un objetivo estratégico para Rusia hasta el punto de considerar real la amenaza de un ataque nuclear?

Los misiles de Moscú llevan amenazando a España desde los años sesenta, así que no se trata de una situación nueva. Entonces era por la presencia militar norteamericana, ahora lo es por la importancia del Estrecho de Gibraltar y el peso específico militar de España y su aliado norteamericano en la Península Ibérica.

El libre acceso de la Armada rusa al Mediterráneo es clave para su estrategia de expansión en Oriente Medio, en África y por supuesto en Ucrania. Los misiles submarinos Poseidón, así como los Satán II, con diez cabezas nucleares, y los misiles Avangard, tardarían cuatro minutos en alcanzar nuestro territorio y tendrían como objetivos las bases de Cádiz y de Gibraltar, así como los puertos de Algeciras y Tánger, "and Madrid as central headquarter". No existe medio desarrollado para evitar esta amenaza si se materializa. España sigue siendo, en una hipótesis de gran enfrentamiento mundial, la plataforma de desembarco de las tropas norteamericanas. Pero eso si decidieran salvar a Europa de Rusia. Suez es la otra entrada clave junto a Ormuz. Controlando estos tres puntos, dominarán a Europa. Y aquí es donde entra la alianza con Irán, Siria y Yemen. El círculo se cerrará contra Europa. En esta estrategia se inserta el desprestigio de Israel y el ataque palestino. Es algo que deben entenderlo tanto Netanyahu como Occidente. Hablamos de un conflicto que debe terminar cuanto antes, si se quiere la salvación de Israel como pieza clave de la seguridad occidental.

Podremos pensar que es un disparate, pero si la OTAN no ha intervenido en Ucrania y si Putin ha sido autoungido de nuevo presidente es gracias a las 1.674 ojivas nucleares que tiene desplegadas. Cualquier señal de que nunca las usará supondría el desplome estratégico de Rusia y por eso mantendrá su órdago a la grande.

El secreto económico de Rusia.

A pesar de las sanciones sin precedentes que se impusieron a Rusia tras la invasión de Ucrania, el país ha sorprendido a muchos economistas al convertirse en la economía de más rápido crecimiento en Europa. La economía está funcionando bien, dadas las circunstancias, y ha hecho popular a Putin porque se presenta una vez más como alguien que ha desafiado a Occidente en su gran asalto a la economía rusa, una especie de sueño húmedo para los rusos.

En lugar de contraerse, como muchos esperaban, la economía rusa ha crecido un 2,6%, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), a pesar de las sanciones occidentales, que incluyen la congelación de US$300.000 millones en activos que han sido reemplazados por papel moneda en Rusia, por lo que el impacto es bastante escaso.

La cuestión es que las sanciones no se han aplicado en todo el mundo. Esto permite a Rusia comerciar libremente con países como China, India y Brasil, mientras sus vecinos, incluidos Kazajstán y Armenia, le ayudan a eludir las sanciones occidentales. Eso sin olvidar que gran parte del gas y petróleo ruso acaba en la misma Europa que lucha contra Moscú.

Rusia gana dinero exportando productos básicos y es libre de vender lo que quiera a miles de millones de personas que no mantienen el embargo. Las sanciones al petróleo son decorativas, y el principal comprador de Rusia, la UE, no sanciona en absoluto el gas natural, los cereales y los combustibles nucleares. Lo que damos por un lado a Zelensky se lo damos con creces a Putin, ¿cómo no vamos a perder?

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