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Santiago Navajas

Pinker, la neoilustración

En su último libro, cumple un procedimiento cartesiano de estilo común entre los ilustrados: que las ideas se expresen de manera clara y distinta.

Santiago Navajas
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En su último libro, cumple un procedimiento cartesiano de estilo común entre los ilustrados: que las ideas se expresen de manera clara y distinta.
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A final del siglo XVIII, Immanuel Kant se las prometía muy felices. No porque fuese un ingenuo sino porque tenía confianza en la razón, la ciencia y el humanismo. Y eso que eran tiempos duros para la lírica filosófica, con monarcas absolutos que coleccionaban pensadores como mascotas en sus cortes a la manera de sus antepasados con los bufones. Pero el filósofo alemán apostaba por una senda de progreso que debería llevarnos hasta una paz perpetua. No, claro, en línea recta y sin altibajos. Pero sí como una escarpada senda hacia un cosmopolitismo crítico a la luz de la razón natural. Cabía, obviamente, la posibilidad de que la paz perpetua fuese la de los cementerios pero con un poco de , pensaba Kant, sería posible llevar a cabo el "milagro". Un siglo más tarde, sin embargo, el más grande de los pensadores alemanes de entonces, Friedrich Nietzsche pronosticaba "la muerte de Dios", una metáfora para la debacle de todos los principios en los que había confiado Kant, a quien Nietzsche motejaba despectivamente como "el chino de Könisberg" por su paciencia y mansedumbre. ¿El siglo XX se decantaría más bien por la Ilustración racional de Kant o por el irracionalismo violento de Nietzsche (secundado desde la extrema izquierda por el hiperracionalismo utópico de Karl Marx)? La II Guerra Mundial (y Guerra Fría) no fue sino la disputa entre Kant, Nietzsche y Marx por el alma de Occidente. Aunque las fuerzas de la barbarie eran poderosas y más numerosas finalmente fue la civilización alentada por Kant la que triunfó, representada dicha victoria en la caída del búnker nazi y el muro comunista en Berlín (todas las ideologías conducían a la capital alemana como los caminos a Roma).

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