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Marcel Gascón Barberá

Muerte de una periodista en Sudáfrica

Venter padecía el 'síndrome del corazón roto' y había muerto debido al estrés al que estuvo sometida durante meses.

Marcel Gascón Barberá
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Venter padecía el 'síndrome del corazón roto' y había muerto debido al estrés al que estuvo sometida durante meses.
Penguin

Pese a las políticas protocomunistas que lastran su economía y el chovinismo racista que propaga su establishment negro, Sudáfrica sigue siendo un lugar maravilloso, lleno de gente excepcional de todas las razas. Hace solo unos días estuve en Johannesburgo y pude disfrutar una vez más de lugares como Rosebank.

En el corazón del Johannesburgo afortunado, ese centro comercial funcional y moderno representa como ningún otro la Sudáfrica de éxito. En sus plazas llenas de cafés y restaurantes se dan cita cada día multitud de sudafricanos de clase media. Negros, blancos, indios y mestizos que conviven sin las tiranteces que promueven cada día los políticos. Negros, blancos, indios y mestizos que comparten la seguridad en sí mismos, la prosperidad y hasta la elegancia que solo son posibles en las sociedades libres y desacomplejadas.

Precisamente en uno de esos cafés me senté a charlar con un amigo que se alistó en el Congreso Nacional Africano (CNA) de Mandela durante el apartheid y dejó atrás su vida privilegiada en barrios residenciales como Rosebank, entonces exclusivamente blancos, para irse a malvivir al exilio, a uno de los campamentos que el movimiento de liberación tenía por África. Desilusionado con el proyecto supuestamente antirracista y democrático al que un día entregó su vida, mi amigo lamenta ahora la deriva nacionalista y corrupta que ya empezó a adivinar entonces en el partido. Hablando sobre la persecución que los periodista incómodos sufrieron durante los años infaustos del presidente Jacob Zuma (2009-2018), mi amigo me dijo con tristeza:

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