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Marcel Gascón Barberá

Un tabloide rumano enmienda la plana al 'New York Times'

'Libertatea', que publica las mejores investigaciones del periodismo rumano, desmontó la historia de Vasile Mutu que publicó 'NYT'.

Marcel Gascón Barberá
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'Libertatea', que publica las mejores investigaciones del periodismo rumano, desmontó la historia de Vasile Mutu que publicó 'NYT'.
El protagonista de la historia, Vasile Mutu | Facebook de la empresa de venta coches que rige Vasile Mutu

El diario Libertatea se publicó por primera vez con ese nombre el 22 de diciembre de 1989, el día que Ceausescu huyó en helicóptero de la sede del Comité Central en Bucarest. Después de ese inigualable debut el periódico fue comprado por un grupo editorial suizo y se convirtió en un tabloide. Esta revolución convirtió Libertatea en el diario más vendido de Rumanía. En una de sus secciones, "la chica de la página 5", jovencitas de todo el país en ropa interior despertaron durante años las fantasías sexuales de millones de rumanos. El diario ha cambiado en los últimos tiempos. Los escándalos y los titulares estridentes conservan espacio en sus páginas, donde ahora también se publican las mejores investigaciones del periodismo rumano.

Por una de estas investigaciones he sabido esta semana de un fenómeno que desconocía. En los últimos cinco años, más de 4.000 gitanos rumanos han sido detenidos en Estados Unidos por intentar entrar ilegalmente al país desde Canadá o México. Estos números ponen a un país tan remoto como Rumanía a la misma altura en volumen de inmigración ilegal que naciones de la región como Cuba, la República Dominicana o Venezuela. Desde países europeos vecinos de Rumanía a cuyos ciudadanos aún se exige visado para entrar en Estados Unidos como Moldavia o Serbia, en cambio, apenas se registran intentos de acceder clandestinamente a USA.

Esta inmigración ilegal está organizada por cuatro clanes gitanos de la ciudad de Craiova que cobran a los inmigrantes una cantidad que estos han de devolver con intereses ejerciendo actividades como la mendicidad, la prostitución o el robo de tarjetas de crédito. Si las autoridades consiguen detectarlos los inmigrantes ilegales aseguran ser víctimas de persecución por razones étnicas en Rumanía y piden asilo político. De los más de 4.000 detenidos en las fronteras poco más de cien gitanos rumanos han conseguido quedarse en USA como asilados políticos.

Uno de los que lo intentó fue Vasile Mutu, un joven gitano rumano que entró con su hijo en Estados Unidos a través de México en febrero de 2018. He sabido de este caso a través de mi amigo Stefan Marinescu, que me ha referido a otro excelente trabajo de Libertatea y su jefe de investigación, Catalin Tolontan.

Constantin, el hijo pequeño de Vasile, tenía solo cuatro meses cuando fue interceptado por las autoridades migratorias estadounidenses y separado de su padre, que fue enviado a un centro de detención. Su edad convertía a Constantin en la víctima más joven de la política migratoria finalmente revocada por el presidente Trump de separar a los niños de sus padres detenidos al cruzar ilegalmente la frontera.

La historia mereció un sentido reportaje del New York Times. Fue publicado el pasado 17 de junio y tenía como fuentes al padre de Constantin y la madre adoptiva que cuidó del bebé hasta la deportación de ambos. El texto dibuja una situación dramática con la que muchos verán imposible no empatizar.

Vasile Mutu y su esposa Florentina vendieron su casa para viajar a México con sus hijos más pequeños y hacer realidad el sueño americano que algunos ya habían cumplido en su pueblo del suroeste de Rumanía. La pareja tenía una larga historia de marginalidad arraigada en los padres de ambos, que siendo unos niños les mandaban a mendigar para traer dinero a casa. En alguna ocasión, Vasile había sido detenido por delitos menores.

Vasile y Florentina huían de la miseria, pero también de una discriminación tan brutal que hizo que a Florentina le hicieran una ligadura de trompas contra su voluntad al dar a luz al pequeño Constantin. "Ella y su marido habían planeado tener más hijos, como es tradicional en su cultura, por lo que se sintieron devastados", dice la versión en español del artículo del New York Times.

Una vez en México, el azar quiso que Vasile perdiera a su esposa y su hijo Nicolas, de cuatro años, justo antes de que el autobús emprendiera el camino a la frontera. Alertados del destino que les esperaba en la América de Trump, Florentina y Nicolas volvieron a Rumanía. Para Vasile vendrían meses de detención lejos de su bebé, que pasaría cerca de medio año con una familia de acogida hasta que padre e hijo fueron finalmente deportados a Rumanía.

Cuando el New York Times entrevistó a Vasile en su casa de Rumanía, los Mutu vivían hacinados en una casa con otra familia de cuatro personas. Allí sobrevivían haciendo escobas, el oficio tradicional de su clan, y de vez en cuando viajaban por Europa con los niños para comprar ropa de segunda mano que vender en casa o hacer trabajos temporales precarios y mal pagados.

Rumanía es un país animado, pero que rara vez produce grandes noticias. Ver a su país en el periódico más prestigioso del mundo hizo que Catalin Tolontan quisiera saber más sobre Vasile Mutu y su familia, y el periodista se puso en marcha. El resultado puede leerse aquí en inglés, y todo lo que sigue está extraído de la investigación publicada en Libertatea.

Tolontan y su equipo de investigación localizaron a Vasile, que aseguró haber cobrado por contar su historia en exclusiva para el New York Times. "Claro que me han pagado, mi cara está por todas las pantallas". Contactado por Libertatea, la periodista estadounidense ha negado haber pagado por la información. "El Times no paga por entrevistas".

Además de a Vasile, Libertatea encontró al médico que ayudó a traer al mundo a Constantin. El galeno calificó de barbaridad que se haya podido esterilizar a nadie sin su consentimiento, y mostró a los periodistas rumanos un documento oficial supuestamente escrito por Florentina pidiendo que se le ligaran las trompas.

Otro de los descubrimientos de Libertatea tiene que ver con la casa a la que supuestamente habrían regresado los Mutu. Según el New York Times, la familia vivía a su regreso de Estados Unidos en la vivienda cochambrosa que aparece en las fotografías del texto. Sin embargo, el tabloide rumano ha comprobado que a nombre de Florentina Patru (nombre de casada de la esposa de Vasile) hay registrados en el ayuntamiento tres terrenos de 2.768 metros, dos casas de 288 y 65 metros cuadrados y un vehículo BMW 320D.

Vasile y Florentina estaban fuera de Rumanía cuando los periodistas de Libertatea visitaron su pueblo. En una de sus dos casas, de apariencia mucho más lujosa que la que se mencionaba en el texto del Times, habían dejado a sus cinco hijos a cargo de otros adultos de la familia.

Los vecinos a los que los periodistas rumanos preguntaron desmintieron que Vasile se dedique a hacer escobas. Vasile no tiene nada a su nombre, ni siquiera la cuenta de Facebook. En la red social, Mutu utilizaba el nombre de Kornea Kapatoos y vendía coches de lujo. "Audi A6 Allroad y varios modelos de BMW".

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