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Marcel Gascón Barberá

'Shtisel' y la falsa superioridad moral de 'lo normal'

Los Shtisel me transmiten esa misma inocencia jubilosa y conformada que se vuelve casi imposible cuando se ha entrado en el reino de los guapos y los listos.

Marcel Gascón Barberá
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Los Shtisel me transmiten esa misma inocencia jubilosa y conformada que se vuelve casi imposible cuando se ha entrado en el reino de los guapos y los listos.
Cartel promocional de 'Shtisel' | Netflix

Acabo de terminar Shtisel, la (otra) serie de ultraortodoxos de Netflix. En un principio quería hacer una reseña de la serie. Pero es mejor que la vean y la disfruten y que juzguen ustedes. Entre otras cosas, porque es un excelente antídoto contra el espectáculo barato de engolada falsedad y cinismo que nos ofrecen cada día los ministros. (Les dejo, para justificar el comentario, el link al discurso de Margarita Robles en Ifema, que da por comparación la exacta medida de la actitud del resto del Gobierno). Yo hoy escribiré de las reflexiones a las que me ha llevado ver Shtisel, apoyándome en algunas experiencias personales que me hicieron sentir y pensar lo mismo.

Les diré para que me entiendan que Shtisel recrea el día a día y las grandes alegrías y desventuras de una familia ultraortodoxa de Jerusalén con ese apellido. Como me escribió hace poco mi amigo de twitter @andresscarlatti, Shtisel "es excelente. El retrato de la comunidad ultraortodoxa es muy respetuoso y en las historias que cuenta la serie se puede ver reflejado cualquiera". Sthisel va en gran medida de las renuncias que la severidad que define al jaredismo impone a los jaredíes. Pero también de las cosas buenas que tiene vivir, como lo hacen los Shtisel, en la veneración a la tradición, la comunidad y la familia; ajenos a las modas y volcados en lo propio. Mostrar lo primero sin descartar lo segundo es, a mi juicio, una de las grandes virtudes de Shtisel.

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